viernes, 17 de marzo de 2017

El ragtime en “tierra de nadie”. La evolución compositiva del Ragtime de Scott Joplin.


Próximos conciertos de Ragtime piano en tributo a Scott Joplin en el Centenario de su fallecimiento por George Hill (alias para la ocasión del pianista que suscribe este artículo).

•          Viernes, 17. marzo 2017 19:30 Concierto Ragtime en el Centenario de Scott Joplin. Teatro de la Casa de Cultura de Collado Villalba (Madrid) 
•          Viernes, 24. marzo 2017 19:30 Concierto comentado de Ragtime y Blues Piano en el Centenario de Scott Joplin. Teatro de la Casa de Cultura de Cerceda (Madrid) 
•          Sábado 1. abril 2017 20h Concierto Ragtime Piano en el Centenario de Scott Joplin. Círculo Amistad Numancia. Casino de Soria.


Sorprende que muchos contemporáneos de Scott Joplin no valoraran verdaderamente sus composiciones, quizás ocultas en lo que se consideraba, y era realmente, una moda o incluso una fiebre: la edición de partituras de ragtime ’s para que pianistas aficionados pudieran ejecutar las melodías y el ritmo de moda nada más nacer el siglo XX. Y eso que el editor de Maple Leaf Rag, John Stark, objetó a Joplin, que había acudido a su oficina de Sedalia para que le publicara, que el tema era demasiado complicado y nadie podría aprender la pieza para tocarla. Sobre el episodio existen diversas versiones de lo que pasó tras su comentario. Una relata que Joplin salió a la calle y le trajo un muchacho que supuestamente en un mes la había aprendido… supuestamente, porque en realidad le había llevado meses dominar la pieza. En otra versión el muchacho bailaba la pieza demostrando así Joplin al futuro editor que la pieza era bailable, divertida, que podía ser escuchada y también tocada por los aficionados. Puro marketing de la época.
Por aquel entonces eran muchas las personas que en diferentes grados dominaban el instrumento. Formaba parte de la educación, como sigue siendo en los Estados Unidos donde la música está en el hogar de forma muy natural. Era el tiempo en el que el piano – el instrumento rey – se introducía en los hogares y como poco, un miembro de la familia se defendía al piano y entretenía las fiestas familiares. No había televisión ni radio y una de las mayores atracciones era ¡tocar el piano en las reuniones! Hoy se nos hace extraño entrar una casa donde haya un piano.
Pero con el tiempo las composiciones de Joplin comenzaron a diferenciarse de ese ragtime más festivo que provenía del “cakewalk” para ir cogiendo entidad propia y denominarse “ragtime clásico”, que se distingue por ser compuesto esencialmente para piano – aunque hubo arreglos o versiones para otros instrumentos o bandas-, y por reunir y conjugar a la vez dos caracteres musicales aparentemente dispares: los elementos afroamericanos con el indispensable carácter de la síncopa junto a las formas y técnicas musicales europeas. De ahí también que el ragtime clásico no se considera “música de jazz” puesto que es música compuesta y aparentemente sin improvisación…aunque su desarrollo- junto al blues - fue esencial para la aparición del jazz. Y al mismo tiempo tampoco se consideraba música clásica, aunque influyó en compositores de tradición europea o compositores de “música clásica”, como Claude Debussy con la pieza llamada Golliwog´s Cakewalk que pertenece a la Children´s Corner suite (1906-1908). También de Debussy nos encontramos con una serie de obras donde la influencia del ragtime es patente, como por ejemplo Minstrels (Preludes, 1º Livre) (1909-1910).  Y no sólo Debussy fue atraído por la forma compositiva del ragtime y sobre todo su rítmica, sino muchos otros compositores clásicos como Satie, Stravinsky, Darius Milhaud, Honegger o Hindemith. Esta influencia del ragtime en Europa se debe a que su primer contacto fue probablemente en la exposición de París debido a la gira europea de John Philip Sousa.

Con ello, podríamos considerar el ragtime en “tierra de nadie” que le hace ganar la cualidad de género musical y no estilo. Un género que llegó, triunfó y, prácticamente con la muerte de su principal compositor, Scott Joplin, en 1917, también murió la considerada moda ragtime. Creo que esta posición del ragtime ha sido en realidad contraproducente para su mejor consideración. Apenas aparecen referencias del género en los libros que tratan de Historia de la música clásica, tan sólo menciones, y al igual sucede con los libros dedicados a la historia del jazz. Cuando se trata en profundidad es cuando se abarca la historia de la música negra en los Estados Unidos, como el excelente libro de “Historia de la Música Negra Norteamericana” de Ellen Southern, o, por supuesto, cuando se trata de monografías dedicadas exclusivamente al ragtime o biografías de Scott Joplin (que en España no están traducidas ni editadas). También ha sido contraproducente a la hora de que la obra compositora de Scott Joplin se valore adecuadamente el hecho de la interpretación que se hace tanto de su famoso “Maple Leaf Rag” como de otras de sus muchas obras en las que parece que lo que prima es una ejecución de rapidez extrema, como si se tratara de una competición para ver quién puede tocar más rápido la pieza en un alarde absurdo de virtuosismo.  Estoy seguro de que el propio Joplin no tenía esa intención a la hora de componer cada uno de sus ragtimes. En esas ejecuciones extremadamente rápidas se pierde la misma melodía, su esencia, el sentido armónico para quedar tan sólo en una cantinela del oeste más agresivo y enérgico. Scott Joplin siempre advertía que el ragtime debía tocarse lento, una indicación de tempo un tanto ambigua puesto que el tempo es relativo en función del compás en el que la mayoría de ragtimes son a 2/4, pero de seguro que a Joplin le interesaba que en sus composiciones primaran esas melodías en terceras, quintas o incluso sextas, las ricas progresiones armónicas en las que se desenvolvía el tema marcando una coherencia o las disposiciones cromáticas en ocasiones muy “chopinianas”, como en “Gladiolus Rag”. Todo ello se pierde en los numerosos ejemplos que podemos ver en algunos pianistas aficionados con tan sólo echar una mirada a YouTube.

 Al tiempo, y sobre todo en nuestro país, un concierto de ragtime piano prácticamente no aparece en ninguna programación cultural, tan solo algún intérprete decide incluir en su repertorio, sea jazzístico o clásico – que curioso – una pieza de Joplin, que suele ser obviamente The Entertainer al hacer referencia popular a la película “El Golpe”. Es un flaco favor que se le hace a un género mucho más rico que un único tema famoso por una gran película y menos favor se le hace al conocimiento del género o la ingente labor compositiva de Scott Joplin, y que ocasiona la orfandad de un público que no tiene ocasión de conocer y disfrutar en profundidad de un repertorio variado de ragtime clásico.

Y es que Scott Joplin aspiraba a más que ser el “El Rey de los escritores de Ragtime” como se le conoció en su época dado el éxito de publicación de su Maple Leaf Rag. No hay duda sobre a la popularidad de Maple Leaf Rag. Todos los interesados en el piano ragtime lo tocaban, o al menos intentaban tocarlo. El pianista y compositor J. Russel Robinson (1892-1963), recordando el periodo de 1908, decía:
Uno de los temas que toqué durante las giras en el Sur fue “Maple Leaf Rag” de Scott Joplin… creo que es uno de los mejores temas jamás escritos… el Rey de los Rags, y en mi manera de pensar, nadie se acercó lo bastante a él.

Jelly Roll Morton era lo suficientemente egoísta como para referirse a sí mismo como “el inventor del Jazz”, pero sin embargo recordó a Joplin llamándolo el escritor más grande del ragtime que alguna vez vivió y el compositor de Maple Leaf Rag.
Pero lo que realmente aspiraba Scott Joplin era a ser el primer compositor negro “serio” de la música y realmente se le puede otorgar esta distinción. Sabía que su Maple Leaf Rag tenía todavía el carácter bailable, desenfadado y de una rítmica enérgica que atraía nada más escucharlo y ese era el propósito; pero había mucho más en su composición y sobre todo tenía claro evolucionar a mayores complejidades armónicas en cada una de sus composiciones como fue demostrando… pero parece ser que – como a muchos artistas posteriormente – un solo y gran éxito que le supuso Maple Leaf Rag – ocultó la grandeza de otras piezas, como Solace (A Mexican Serenade) con la que aparte de imprimirle lo que posteriormente Jelly Roll Morton definiría como el “matiz español” (spanish tinge) y que aparecería en muchas de las interpretaciones del propio Morton o en el famoso St. Louis Blues con su comienzo a tempo de tango,  también evoluciona su composición a través de ciertas armonizaciones de las melodías en sextas. Todo ello se diferenciará de ese ragtime desenfadado en el que la melodía simplemente está octavada, por ejemplo; o Gladiolus Rag en el que se desenvuelve a modo del ragtime cromático, lo que sugiere incluso las progresiones cromáticas de Chopin.
Está claro que Scott Joplin era un gran compositor, aun si ser valorado por muchos de sus contemporáneos (en su mayoría intelectuales de la época o críticos de música) , pero sí admirado por colegas de profesión, como el propio Jelly Roll Morton, Willie "The Lion" Smith, Eubie Blake, Jimmy Johnson…todos se sintieron en deuda con él e incorporaron muchos de los recursos pianísticos escritos por Joplin.
Joplin fue el artífice, gracias a su formación musical académica, de poner sobre el papel las melodías y ritmos del incipiente cakewalk y del ragtime, evolucionando él mismo hacia lo que se ha denominado “ragtime clásico” y que se puede comprobar por sus numerosas obras compuestas en las que con el tiempo hay una tendencia hacia una gran evolución en la forma compositiva de cada uno de los temas que desembocaría en su ópera Treemonisha que sin embargo, de nuevo, no fue valorada por el público de entonces, teniendo Joplin enormes dificultades para su estreno, contando tan sólo con cantantes amateurs y realizando una fuerte inversión que le supuso en su estreno un gran fracaso. Es muy probable que el público estaba condicionado a aceptar a un pianista negro en un burdel o en una taberna, pero no a un compositor de música operística.

© Jorge Gil Zulueta

Pianista, compositor y musicólogo.

Lista recomendada de una buena interpretación de los ragtime de Scott Joplin por Dick Hyman

domingo, 22 de enero de 2017

El reflejo de James Rhodes

Hace unos días uno de mis alumnos me trajo ilusionado la partitura del Preludio nº 1 de Bach, algo que en principio me asombró porque precisamente estaba yo incorporando la pieza para otros alumnos, y él apenas lleva dos meses comenzando de cero con el instrumento. Pero no hay nada que más me incentive como docente que un alumno me diga “quiero tocar esto”. Esa ilusión de tocar la pieza venía acompañada de un librito de título “Toca el Piano” y una anotación sobre el título que decía “Interpreta a Bach en seis semanas”. Si no fuera porque conocía algo del autor reconozco que por inercia rechazaría la idea que vendía el libro, a falta de darle una ojeada para comprobar de qué manera vendía el interpretar a Bach en tan escaso tiempo, pues siempre he sido reacio a esos anuncios que nos intentan vender “aprenda inglés en 3 meses”, por poner un ejemplo. Toda disciplina lleva esfuerzo y dedicación y sobre todo tiempo, pero no debe suponer un sufrimiento por ello. Y quizás una de las bazas del planteamiento del libro es la gestión del tiempo, de nuestro tiempo día a día a lo que volveré a profundizar más adelante.
Ya hace unos meses, otra alumna me dijo que iba a escuchar un pianista que tocaba Bach y otros clásicos y que vestía de vaqueros y camisetas y que hablaba durante los conciertos comentando la pieza o sus vivencias con el piano. De entrada, el hecho de que un pianista que toca repertorio clásico comience a ser conocido, no sólo en un ámbito de melómanos y estudiantes de piano, ya es algo atractivo. Por algo se le define al principio de su librito como uno de los renovadores de la “música clásica”, y es que digámoslo claramente: esa mal llamada “música clásica” debe ser renovada en muchísimos aspectos, desde algo tan “trivial” como es la vestimenta de sus intérpretes hasta en la forma de programación que ofrecen los espacios escénicos y su repertorio.


La historia de James Rhodes es ya bastante conocida y no sólo en su ámbito musical, lamentablemente. Uno de los episodios detonantes que relaciona la vivencia musical de Rhodes es llegar a ella por sufrir abusos sexuales en su infancia – él bien lo define sin tapujos como violaciones constantes por parte de un profesor de gimnasia del colegio – que le trazó un duro camino lleno de trastornos, adicciones y fracasos. Es realmente una historia del “fracaso” marcado por una insoportable vejación humana desde su infancia. Y cuando digo llegar a su vivencia musical “a través” de estos episodios es porque James Rhodes nos da una gran lección: cómo la música puede salvarnos de nuestros miedos (unos enormemente impuestos y no creados por nosotros, la agresión…) y otros, que, aunque más livianos, aquellos que seguimos soportando cotidianamente porque no vemos ningún camino de salida… o no queremos verlo. Y la música está ahí, como pudiera ser cualquier manifestación artística o actividad que realmente no aprovechamos: la experiencia de crear, de interpretar, de sumergirse en definitiva en una actividad que nos llene el vacío ocasionado por el entorno social que hemos creado o nos han creado para nosotros, para nuestro “deleite falso”, y que en ese proceso no sólo llene, sino que nos desarrollemos personalmente. Eso es lo que otorga, en fin, la música. En palabras de James Rhodes: “la música es respuesta a aquello que no la tiene”. Y ese es el gran mensaje de Rhodes. ¡Un mensaje que debería ser tan obvio! Pero que la mayoría de personas no lo escucha. Recuerdo una de esas películas catastrofistas, “Ultimátum a la Tierra”, remake de la película The Day the Earth Stood Still de 1951, en la que un extraterrestre viene a la Tierra para avisar a la raza humana que su comportamiento destructivo les obliga a despojar el planeta de la misma raza humana. En una escena de conversación sobre el carácter humano suena de fondo una pieza de Mozart y el extraterrestre conmovido pregunta que es ese sonido. La respuesta que le da su humano interlocutor es la capacidad humana de crear belleza a través de las artes a lo que el extraterrestre entiende que no debemos ser tan destructivos desde el momento en que somos capaces de crear algo tan bello. Y Rhodes se debe preguntar (como tantos otros, entre los que me incluyo), ¿por qué no crear en cualquier momento de nuestra vida? ¿Por qué no interpretar la belleza que se nos ha dado? Deleitarnos y desarrollarnos como personas… y es cuando nos lanza el “reto” de interpretar a Bach en seis semanas.

Sabiamente a elegido una pieza, el Preludio nº1 de Bach que tiene unas connotaciones prácticas didácticas muy interesantes, pero realmente no cae, en la guía que nos tiende y nos anima a tocar el piano (tengas nulos conocimientos de músico o como poco aficionado), en lo sensacionalista como curso rápido. Es un librito práctico, pero a la vez, casi diría filosófico o como poco que quiere despertar en nosotros la curiosidad por el piano, el aliciente de convertirnos en pequeños concertistas de nuestro mundo, haciéndonos ver que realmente 45 minutos diarios no son nada en realidad en nuestro día a día… si olvidamos el móvil, el ordenador, la televisión… y dedicamos nuestro tiempo a un instrumento tan benévolo como el piano. Yo os aseguro que el piano no va a crear una mala adicción, lo único que nos va a mantener en “on” en lugar de en “off” como cuando estamos delante de la televisión. Y varios de mis alumnos han aceptado el reto de Rhodes, que mejor forma de aprender  una pieza!

Y si James Rhodes llena teatros haciendo charlas e interpretando al piano, bienvenido! Porque su reflejo es el reflejo de muchos que sabemos que la música tiene respuesta para aquello que no lo tiene y que, en nuestro camino, sea como docente, intérprete o comunicador, en ocasiones nos da la sensación de que nadie nos escucha… y luego llega una persona que nos recuerda el gran valor de la música. 

martes, 20 de diciembre de 2016

El enfoque de la enseñanza del piano. Metodologías para disfrutar.

Inicio una serie de artículos dedicados a la enseñanza del piano con mi propia metodología desarrollada en los últimos años a través de la experiencia de las clases que imparto a alumnos de muy variado perfil, desde la edad (de 7 a 70 años) hasta la motivación de aprender este preciado instrumento que es el piano. A modo de introducción de mi metodología, esta breve entrada.
Existen variadas formas de acercarse al gran instrumento que supone el piano, pues el “instrumento rey” como fue denominado en el Romanticismo, ha sido también empleado por compositores e instrumentistas en la llamada música moderna o popular, desde los principios del jazz con el ragtime, pasando por el blues, el rock y el pop o las bandas sonoras.

Tanto  técnicas como metodologías también éstas pueden aplicarse de forma “natural”  con pretensiones tan gratas como el disfrute del instrumento y sumergirse en el concepto de improvisación a través de la llamada Armonía moderna. A través de ella existe la posibilidad de que el alumno pueda adquirir la práctica y conocimiento del piano moderno, con la posibilidad de complementar la enseñanza de tradición clásica si en el alumno la tiene o como alumno interesado exclusivamente en esta disciplina.
A través de repertorios  de géneros determinados, como pueden ser el blues, el jazz, las bandas sonoras de películas o el pop más relevante y con el lenguaje propio de estos géneros y estilos, el alumno vive su experiencia musical a través de melodías que nos acompañan en nuestra banda sonora personal.
El porqué de mi propia Metodología:
En los últimos 15 años he estado aplicando una metodología propia en la enseñanza del instrumento de piano que tiene una base aparentemente simple pero siempre eficaz y satisfactoria con mis alumnos: poner mi propia experiencia musical – tanto en mi proceso de aprendizaje del instrumento como mi labor como pianista profesional - como ejemplo. El hecho de haber sido y seguir siendo autodidacta en el aprendizaje del piano me ha otorgado una visión más amplia y una facilidad en detectar los posibles problemas que tiene un alumno de cualquier nivel a la hora de conseguir hacer “sonar” un piano. De ahí que mis clases siempre se personifican atendiendo el carácter del alumno para que éste encuentre su propio camino con el instrumento. Sin dejar de lado las bases teóricas e incluso aplicando otros metodologías ya consolidadas, siempre he defendido que la MÚSICA es algo innato en el ser humano y he rechazado la imposición de quienes piensan que “se tiene oído o no se tiene”.
Plantear la enseñanza de música desde un objetivo abierto del disfrute sin pretensiones académicas puede ser factible a través de un sistema didáctico que combine unas necesarias bases teóricas (Iniciación a la Música y Lenguaje Musical) con un enfoque más “natural” de acercamiento a la música.
Hacer “sonar” un instrumento a través de la improvisación y el desarrollo natural del oído es una de ellas.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Reivindicación del Ragtime. Un 24 de noviembre de 1868 nacía el gran Scott Joplin.


I.            Reivindicando valores. Ragtime: música para un cambio de siglo. Scott Joplin, un "bach" en jazz.

¿Ragtime? ¿Te suena? A mucha gente seguro que no, salvo a melómanos o grandes aficionados al blues y jazz. Me pasó recientemente, en una intervención que hice para un concierto benéfico en el que participaban diversos artistas, que uno de los conductores de la gala me preguntó qué iba a interpretar a la pianola que había en el escenario. Ragtime, le contesté…. ¿cómo se escribe?... ¿y qué es? Me preguntó…


Tengo la sensación que, con el paso del tiempo, grandes valores culturales que pasan a engrosar la historia con nombre propio o un género musical, un estilo, etc. parecen caer curiosamente en el olvido o se desvirtúan. La música de The Beatles o ellos mismo como identidad de grupo son cuestionados, - “no eran tan buenos” – o Beatles? Quienes eran esos…y ¿Elvis? O valoraciones peyorativas hacia artistas que ronda los setenta y algo y que por ello ahora son viejos aprovechados que siguen en el escenario… obviándose la gran contribución que hicieron y siguen haciendo a la música del siglo XX… claro, estamos en el XXI y cuasi parece una moda criticar a las “viejas glorias”. Es una sensación que encuentro en conversaciones con los adolescentes (no por ello culpables de un fallo en su base educacional, por ejemplo) o en los foros de opinión o en 140 caracteres de Twitter…lanzando precisamente eso, opiniones totalmente subjetivas que borran de un plumazo el verdadero valor de la cuestión tratada… sobre todo en la música. 
Casi podríamos asegurar que el Ragtime murió al cumplir su mayoría de edad, si aproximadamente contamos desde el famoso Maple Leaf Rag (1899) hasta la muerte de Scott Joplin (1917) y su desaparición temporal fue ocasionada por la fuerza arrolladora y novedosa de una jazz al que le debió su propio surgimiento. Por eso, no olvidemos que sin el Ragtime es muy probable que el jazz y mucha música popular no hubiera sido lo mismo. Reivindiquemos el Ragtime, no sólo por ser una música elegante, bella, rítmica y apasionada, sino por todo lo que aportó al mundo de la música y con ello Scott Joplin, un "Bach" en Jazz.
Joshua Rifkin interpretando "Stoptime Rag" de Scott Joplin.



Y es que la objetividad nunca hay que perderla. Te puede gustar o no una música determinada pero no hay que dejar de ser objetivo y reconocer su valía. Por suerte no podemos generalizarlo, pero sí es verdad que esa sensación que tengo está bastante presente en mi campo – la música – y en la cultura en general. Bien sabemos que el problema parte de la base de la educación y la cultura que se tiene que dar en las aulas, que lamentablemente de por sí no es buena. Quizás es que me esté haciendo mayor y esos valores culturales que me inculcaron y que continuamente buscaba, descubría y me deleitaba con ellos en mi adolescencia, ahora caen en el olvido porque no están de moda. Sin embargo, esos mismos valores han permitido que se desarrollen las músicas actuales o el cine actual, por poner dos ejemplos. Sí, me estoy haciendo mayor pues me suena a eso de “¡Yo gané la guerra por chavales como vosotros!”.
Pero no lo puedo evitar y desde mi puesto – en la banqueta del piano – sale mi lado de querer compartir lo que me apasiona. En mis conciertos suelo ser muy “hablador”. Esto es: me gusta transmitir, no sólo desde las teclas del piano, la música que estoy interpretando y lo hago con mis explicaciones. De dónde viene el tema, porqué surgió o una simple anécdota puede ilustrar al público... una especie de “notas al programa” pero con voz propia. Y creo sinceramente que el público lo agradece. Al final mis conciertos se convierten en conciertos comentados, que por otra parte suelo hacer, bien como charla-concierto con un determinado repertorio (blues piano) apoyándome en imágenes, vídeos y mi propia interpretación (“Una pequeña historia del Blues Piano”), o bien en mis conciertos didácticos dirigidos a escolares (“Un Piano de Cine”). Sí, es mi lado docente que desarrollo normalmente hacia mis fieles alumnos (algunos de ellos llevan conmigo más de 8 años) y cuya labor me gusta expandir al escenario. Es lo que se me asemeja a la función social del músico tal y como explicaba Frank Liszt en sus “Cartas de un artista”. Y por mi parte, esa función social, como en ocasiones he comentado, me gusta desarrollarla también desde diversos escritos. Es mi lado de músico – escritor, léase musicólogo, docente o transmisor de valores.

Y volviendo al inicio, con esta perspectiva afronto mi nuevo programa de concierto que estrenaré el próximo año 2017 reivindicando el Ragtime y al más grande compositor del llamado Ragtime clásico, Scott Joplin del que se cumplirán el próximo año 2017, 100 años de su fallecimiento y que hoy, 24 de noviembre hace 147 años nació. ¿Ragtime? ¿Te suena?

Sin embargo, si de repente suena en cualquier parte la melodía principal de la película “El Golpe” (The Sting) mucha gente la reconocen enseguida. Es el fenómeno que con el tiempo se suele asentar en nuestros conocimientos por el cual se relaciona un tema concreto con una película , creyendo que están intrínsecamente unidos. Esto es, se relaciona la melodía de la película “El Golpe” como propia de la misma y se llega a desconocer el título de la pieza o se atribuye erróneamente al mismo del film, cuando tanto el propio título y sobre todo la época son totalmente ajenas. “The Entertainer”, gran melodía que sirvió a una gran película de 1973 que ambientaba los años de la depresión en EEUU, pero que realmente pertenece a principios de siglo XX, concretamente 1903, y por lo tanto no fue compuesta para la película.

Pues eso es ragtime, esa característica del tema de “El Golpe”, esa sensación “saltarina” que enseguida reconoce el público, es un género que tiene vida propia: el ragtime. Y hay que reconocerle a la película que, gracias al empleo de esa pieza y otras del gran compositor de ragtime clásico, Scott Joplin, volvió la locura de dicha música al mundo… tal como comentó Eubie Blake en su día.





miércoles, 27 de enero de 2016

"Skating", tema del disco Retazos, en directo



"Retazos", ese diálogo a través de las notas de un piano como me gusta definir mi disco, tiene mucho de recorrido autobiográfico de momentos de mi vida y de mi trayectoria a puertas de cumplir 30 años en los escenarios. Dentro de ese recorrido no podía faltar "Skating", que es quizás el tema que menos me gustaba de mi disco, pero tenía que estar por definir una etapa muy temprana cuando lo compuse en 1987 influenciado por Vangelis, sobre todo por la cara B de Carros de Fuego y también por el piano clásico. También define para mí el deporte y arte que es el patinaje artístico por lo que siempre pienso en la gran patinadora que es mi hermana, a la que siempre que se desliza con sus patines, ya desde pequeño, me dejaba embelesado con su elegancia y coreografías.





Es pues, una dedicatoria expresa a mi hermana y su arte. Musicalmente tiene un tono épico, en ocasiones grandilocuente que busca emular los grandes compositores del piano romántico dentro de mi ingenuidad de pianista autodidacta. Sin embargo, una vez retocada la composición original para lo que fue la grabación de "Retazos" y escuchado el resultado con el tiempo, el tema tiene una vida propia que finalmente me convence, pues si estaba influenciado por la grandiosidad de la música de Vangelis, ahora adquiere su actualización a través de la corriente minimalista representada por Ludovico o Nyman por nombrar compositores actuales.



Esta grabación en directo se hizo en el Casino de Soria el día después de la grabación del disco.





lunes, 12 de mayo de 2014

Nuevas Ilusiones

"Nuevas Ilusiones" es un tema del que estoy particularmente satisfecho en el plano musical. Compuesto hace algo más de 2 años su proceso fue algo diferente a los restantes temas del disco "Retazos", pues la melodía surgió de una forma bien clara y apenas ha tenido transformación. 
En aquel momento estaba muy metido en la música de bandas sonoras para mi espectáculo "Un Piano de Cine" y muy dedicado a interpretar algunas piezas del maestro Ennio Morricone. Sus temas para mí se definen a través de una melodía clara y en ocasiones delicada, casi con pocas notas para contar mucho, llevando el peso la interpretación en aras de la máxima expresión musical. Sé que conscientemente con "Nuevas Ilusiones" pretendía emular al maestro, como poco aproximarme a esa expresión. Y musicalmente me surgió esa melodía muy definida, casi típica que me conllevó más de un quebradero de cabeza intentando adivinar si había copiado inconscientemente alguna melodía existente. Sin embargo no dí con melodía similar. Y es que en la música, si no está todo inventado, sí se recorren parajes conocidos de sobra en forma de progresión de acordes e intervalos melódicos que nos sugieren una familiaridad o un déjà vú musical. 
Otra cosa es lo que sucede con el motivo extra  musical, el recurrente - por mi preferido - leivmotiv. Al igual que en el concepto general del disco "Retazos" - que siempre he defendido como momentos musicales biográficos, "Nuevas Ilusiones" fue compuesto bajo una influencia que me llegó tras conocer a una persona, hecho que me trajo... nuevas ilusiones. Cualquier nuevo conocimiento lo tramitamos con esas ilusiones de conocer más y disfrutar de la experiencia con diferentes sensaciones según el tipo de encuentro. En este caso la melodía reflejaba una cierta ternura, optimismo e ilusión. Y digo reflejaba porque este tema es el único del disco que ha permutado en su motivo extra-musical, mientras que el resto de "Retazos" conserva intacta la sensación que tuve al componerlos. De hecho "Nuevas Ilusiones" solía recientemente presentarla con un subtitulo, una dedicación sincera hacia esa persona.
Ahora el tema se ha tornado gris y triste, bañado en su segunda parte musical con la traición y su subtitulo bien pudiera ser "Nuevas Ilusiones... falsas". No me supone ningún problema tocarlo en directo puesto que es uno de mis preferidos y sobre todo porque siempre he apartado de mí el rencor. Lo curioso para mí es ese poder de la música - sobre todo si hablamos de música descriptiva- en la que una misma melodía puede significar un sentimiento u otro totalmente contrario según cada persona y en ese caso según su propio compositor e intérprete.
Y como siempre me he considerado una especie de "cantautor" sin palabras (hablan mis manos a través del piano), en esta ocasión he querido que hable el gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer a través de su Rima XXXIII, pues considerándome un hombre del romanticismo, Bécquer, al igual que muchos artistas del movimiento romántico, no sólo escribía al amor esperanzado sino también al desengaño y el dolor. 

miércoles, 23 de abril de 2014

IRENE... una nana

El cuarto tema del disco "Retazos" tiene como punto de inspiración el nacimiento de mi hija Irene del que lleva su nombre. Llegó con Irene recién nacida y recostada en mi brazo izquierdo mientras que mi mano derecha se posó en las teclas del piano de forma casual surgiendo la melodía principal y quedando registrada en mi mente sin evolucionar hacia un tema claro. Siempre me ha atraído la espontaneidad de una melodía, que aunque sin trabajarla, quede ahí para madurarla con el tiempo, sin prisa. Y al igual que mi hija la canción tenía que crecer de la forma más natural, sin forzarla demasiado hasta llegado el momento oportuno. Precisamente ese momento llegó cuando afronté la grabación del disco y de nuevo la espontaneidad convirtió esa pequeña melodía en un balanceo con el que se inicia el tema y que apenas lo abandona y que asemeja desde el movimiento de la cuna hasta el reloj marcando el paso del tiempo hasta el presente o, bien como una nana, hasta que la niña se duerme.

Lo curioso del tema fue su propia grabación pues realmente la estructura del tema no estaba terminada. Ahí fue cuando entró en acción dos elementos que considero necesarios en mi música: la improvisación y la relajación para poder expresar y sentir la música que toco en ese momento. Improvisación porque, como he dicho, el tema no estaba realmente terminado y tenía que ver que caminos me iba a conducir su propia interpretación. Y relajación porque de los dos días que disponía del Salón Gerardo Diego del Casino de Soria la sesión de grabación de ese día fue bastante maratoniana y nocturna para aprovechar al máximo el tiempo, grabando "Irene" en una única toma, improvisando y  más allá de la 1h de la madrugada.
De hecho, al finalizar la grabación, Harris, amigo y técnico de la grabación, me dijo que esa era la primera y única toma que tenía que ser, que no la repitiera porque salió fluida. Tal y como yo buscaba. Y ahora resulta que cuando la toco en directo nunca llego a tocarla igual que en ese momento de la grabación que ha quedado plasmada en el disco. Así es la magia de la música.