viernes, 21 de septiembre de 2012

Se acabó el verano y con ello un piano en las terrazas

Si en mi última entrada hablaba de como relacionar de buena manera la música y la gastronomía, mucho tiene que ver con ello el verano y las terrazas que se prestan a disfrutar de las noches de verano - hoy la última - y a dejarse inundar de notas musicales.
Como no me llego a considerar un típico pianista (¿hay típicos pianistas?, me pregunto) ... me gusta tocar en todo tipo de espacios, eventos y público, el cual siempre lo consideraré pasivo o activo según donde esté sin ser ello una falta de consideración hacia los oídos (pasivos o activos) y sus personas. Menos consideración tengo hacia "leyes" que no permiten que la noche se embargue de sonidos (musicales, eso sí). Pero eso  viene más adelante.
No, no creo que sea un típico pianista que en las amenizaciones musicales tenga un repertorio vasto y toque todos los "palos"; de hecho tengo cierta admiración por esos pianistas, pero yo me ofrezco con lo que buenamente sé y a la postre me apasiona tocar para no caer en una desidia musical y evitar que llegue una noche que no me apetezca posar mis manos sobre las teclas, aunque en ocasiones- por cansancio - me ha sucedido, a los primeros compases que acometo ese estado se diluye gracias a la eterna música y su ejecución. ¿ Os habéis planteado alguna vez (a todos me dirijo, músicos y no músicos, pero al fin y al cabo personas musicales),  lo maravilloso que es la sensación de sacar de tu expresión personal la música, el acto de realizarlo?
Lamentablemente, aunque de forma relativa, el hecho de exponer mi repertorio - basado en standards de jazz, blues y ahora últimamente Ragtime, y eso sí, algún bolero favorito pero siempre en clave de improvisación - me cierra ciertas puertas, las más conservadoras musicalmente hablando. Sin embargo no dejo de insistir a los contratantes que quieren "música popular" que eso que ofrezco es música popular, pero no, señores, no toco "Paquito el Chocolatero", lo siento, no me entra, con todos mis respetos. Y podría pensarse que soy un pianista poco profesional, pues a la pregunta  de una oyente de si "puedes tocar algún tema de Bisbal", de forma cortés respondo que no; claro que no digo que "no quiero ni querré" y por ello quizás piense que "no sé tocar ese tema"; por consecuente, no soy un buen profesional y cara al camarero de turno, pues lógico, el pensará que tampoco soy un gran pianista. Ay, mis amigos los camareros que tras casi tres horas tocando con sus pequeños descansos se dirigen hacia mí con un "¿ya está?".
Pero todo esto tiene que ver en realidad con la sensación de que el músico que ameniza una velada se asemeja a una Jukebox en la que puedes introducir monedas para elegir cualquier tema de una extensa lista. En fin, toda profesión tiene pegas y esto que os relato, aunque con cierta gracia, quizás tiene un trasfondo mucho más serio, el de la consideración social hacia el músico. Pero eso es arena de otro costal para una publicación mucho más extensa que espero plasmar próximamente.
Aún así tengo la suerte de tener esos lugares que les gusta lo que ofrezco y me convierto, como otras veces he comentado, en "su pianista", y yo orgulloso de ello. Mis lugares fieles del verano han sido el restaurante Don Baco de la Plaza de El Boalo (mi lugar de residencia, con vistas a La Maliciosa) y Casa Marga de Manzanares el Real (no os perdáis en el enlace el vídeo de ejemplo de lo que puede pasar en una noche en Casa Marga). 
Pero a pesar de que esas personas, que yo llamaría grandes emprendedores, apuestan por ofrecer a sus clientes música en directo, no ha sido realmente nada fácil. Y con ello vuelvo a mi comentario del principio, el de mi falta de consideración hacia aquellas "leyes" que no permiten la música en las plazas en las noches de verano!. Y es que la sorpresa vino por parte del ayuntamiento de donde soy vecino y por extensión profesional de la música, prohibiendo la música en directo en la Plaza dada la normativa de ruidos. Por ello me vi abocado a un espacio interior, eso sí con amplificador cara a la terraza , para solventar la cuestión. No hubo posibilidad de programar como estaba previsto, diversas formaciones de músicos en la Plaza para dotar de una diversidad, cual programa cultural de noches de verano en las terrazas, que por ende es de agradecer cualquier iniciativa empresarial - cultural que dinamice una zona. Pero así no lo entendió el ayuntamiento y servidor - sin patalear y con argumentos naturales - presenté un escrito en el que plasmaba mi preocupación y ejemplificaba como esos prohibidos 90 decibelios los causaba desde una batidora hasta el hablar de la gente en una terraza y despidiéndome con un "encomendarles a que reconsideren su postura y permitan que la música suene.". No sonó siquiera una respuesta oficial.
Y ahora que se acaba el verano me queda sumergirme en esos otros bolos de teatros con mis espectáculos, alguna que otra gira y un recogimiento compositivo que espero me caliente la lumbre de mi chimenea cuando lleguen las nieves, aquí, cerca de La Maliciosa.

jueves, 31 de mayo de 2012

Música y Gastronomía

Entre los muy diversos lugares donde suelo acudir con mi piano están los restaurantes. Soy de la opinión de que cualquier lugar se puede beneficiar de la música en directo. Siempre lo he dicho: cada espacio es diferente y en cada uno de ellos se puede llegar a crear un buen ambiente a través de la música en directo. Los restaurantes tienen su propio y principal aliciente: la Gastronomía que ofrecen con su propio sello de identidad, áquel que los diferencia de los demás y que particularmente - seguro que muchos estarán de acuerdo - considero un arte más; el arte del buen cocinar junto al del buen paladar del comensal. Y si de arte hablamos porqué no juntar Música y Gastronomía? Desde luego no es nada nuevo. Si nos remitimos a épocas de la antigüedad la música era indispensable en banquetes de los griegos y romanos y bien sabemos que su gastronomía suculenta. Por tanto qué mejor que seguir uniendo música y gastronomía. 
Y hay ejemplos muy actuales que en forma de ideas de marketing están funcionando muy bien. Mi primer recuerdo de ver expresamente unida la Gastronomía y la Música fue en un Festival de Guitarra de Hondarribia que combinaba los conciertos en diferentes espacios con eventos gastronómicos a través de la idea de su director, el guitarrista Carles Pons y el chef Ramón Roteta. Para la edición del 2004, en mi época de manager del guitarrista mallorquín Jaume Tugores, nos contrataron un concierto en ese peculiar festival cuya clausura era un paseo por la ría comiendo pescadito frito mientras navegábamos. 
Y más ejemplos tenemos, muchos relacionados con el jazz y el blues, como los festivales de Jazz de Getxo, Vitoria y San Sebastián o la reciente terminada XIV edición del Festival de Jazz VollDamm de Vic con más de 20 restaurantes que han ideado menús relacionados con el jazz. 




De esta manera, cuando suelo ir a realizar "el arte de amenizar" en un restaurante, como suelo llamarlo, de una parte tengo el gusto de probar la Gastronomía del lugar y por otra parte siempre busco musicalmente el nexo del otro arte que veo pasar delante de mí hacia los comensales mientras toco el piano : suculentos platos de los que van a dar buena cuenta mientras mis notas inundan el ambiente. Jazz, Blues y vino, por ejemplo, hacen una muy buena combinación (imaginemos el ambiente del Cotton Club); y el vino sin un buen pescado o carne (según se precie) o viceversa no hace falta ni mencionarlo. Y todo eso, aquí en la sierra, puedo atestiguar que lo tenemos en muy buena calidad y servicio. Restaurantes por los que he pasado con mi piano, cada uno con su sello personal, me han proporcionado grandes momentos y cenas después de la tocata. Desde la Terraza Jardín Felipe en Navacerrada - con sus croquetas de caseras exquisitas, o sus mollejas de cordero de Lechal al ajillo, por poner dos ejemplos, El Llagarón en Guadarrama que tienen unas carnes deliciosas, unos Secretos de Lomo ibérico suculentos, la gran cocina de Don Baco en El Boalo, asador por excelencia donde los haya con el servicial Ángel y recientemente, en una boda de una amiga a quien le acompañé con mi piano tuve el gusto de conocer el restaurante Zalea en Moralzarzal que cuenta con la distinción Bib Gourmnad de la Guía Michelín donde nos podemos deleitar con un Carpaccio de pulpo con carne de tomate y aceite de Pimentón o cochinillo deshuesado confitado con jugo de Oporto.
En fin, que no falte la buena mesa bañada con las notas de un piano, porque no me digan a ustedes que no se les acaba de hacer la boca agua mientras quizás escuchaban un poco de música. ¿Qué mejor combinación!?

domingo, 13 de mayo de 2012

¿Qué tipo de pianista soy?


Aunque lleve con Musikeando casi 4 años y con posts dedicados a la música en general y a la gestión cultural, mi actividad como pianista se ha intensificado en los últimos años y con ello las sensaciones, reflexiones y sentimientos en torno a "mi" instrumento. Por eso me apetecía dedicar un blog enteramente a mi actividad pianística y todo lo que le rodea y conlleva.... así, como algunos que me seguís sabéis, encontraréis reflexiones sobre como me inicié en el piano, huyendo de la biografía típica y buscando ante todo el aspecto quizás más metafísico pero sin olvidar adecuadas dosis de pragmatismo. Puede parecer contradictorio pero a parte de que mi persona tiende hacia el Humanismo soy también carne del Romanticismo, y éste estaba lleno de contradicciones.
Os hablaré ante todo del significado que para mí tiene el músico en la sociedad, siguiendo un poco en la línea de mis dos últimos artículos publicados en  Musikeando  , pero centrándome mucho más en mi experiencia directa.

Entre mis meditaciones y autoreflexiones musicales en ocasiones me pregunto: ¿soy un pianista de blues?, o ¿pianista de jazz? o ¿de música popular?. Quizás me acerque algo a esos géneros y estilos. Si que tengo claro que no vengo de la tradición mal llamada "clásica", quizás por el simple hecho de no haber pisado un Conservatorio. Pero aún así es demasiado simple encasillarme en un estilo; tan sólo busco de forma natural el mío propio, el que uno va curtiendo e intentando desplegar con todos sus recursos para llegar al fin de la música: comunicar con ella. No, realmente no me considero un pianista de jazz, aunque me guste tocar grandes standard's de jazz. Tampoco me considero un pianista de Blues aunque el feeling que nos otorga el blues pienso que está dentro de mí de alguna manera y toco temas muy representivos de él. Y aunque no haya pasado por conservatorio me gusta en mi intimidad dedicarme a tocar algo de Bach y piezas de piano clásicas. 

Como muchos músicos sensatos me gusta huir de las etiquetas, de encasillarme. El arte es tan vasto que no sabe de fronteras. Un artista está en constante evolución y con él su obra, sino, muere. En ocasiones lo comparo con el pintor que nunca da por finalizada su obra. ¿Cuando dar el último toque a la obra?. La visión del artista siempre puede ver que necesita algo más para finalizar esa obra. Hay una búsqueda continua de tu propio estilo y nunca se llega a culminar. Puedes llegar a hacer una gran versión, una gran composición, pero en otro momento, en directo o en tu habitat de estudio del instrumento puede surgir otra manera de hacer que te cautive más. Por eso también defiendo mucho hacer versiones e incorporarlas en esa búsqueda de un estilo propio porque es uno de los grandes aprendizajes del músico. Y también ahora que me enfrento a un primer disco de composiciones propias después de años de tocar en grupos y en solitario versiones, me surge más que nunca la reflexión de qué tipo de pianista soy.

Como decía antes, me gusta tocar blues pero para captar su espíritu (a parte de que me lo paso genial tocando blues!); me gustan las grandes standard's de jazz porque me ofrecen sabiduría en sus melodías y armonías tan llenas de vida y libertad... así veo el jazz, como una especie de libertad musical que nunca suena igual. Y de esta manera es cuando llego al momento de sentarme y tocar mis piezas, mis humildes bocetos musicales utilizando todos los lenguajes hasta el momento adquiridos. Y es entonces cuando llego a la conclusión de que simplemente soy un pianista que ofrece música de piano. Sí, simple, pero, que maravilloso sonido nos otorga un instrumento como el piano!

miércoles, 18 de abril de 2012

Crónica del concierto de "Un Piano de Cine" en Navalmoral de la Mata sábado 14 abril

Como ya comenté cuando a principios de año llevé mi "Piano de Cine" a Barcelona, me gusta salir a ofrecer este espectáculo fuera de mi ámbito local y allá donde se interesan hago maletas y conozco localidades que nunca he visitado, público nuevo y en fin, nuevas experiencias. Así el sábado pasado ofrecía el concierto en la Casa de Cultura de Navalmoral de la Mata (Cáceres), una localidad de cerca de 20.000 habitantes, aunque no demasiado lejos de mi sierra madrileña donde vivo, apenas a dos horas y media en coche. La noche anterior había dado el concierto con The Pop Art Ensemble en el MIRA Teatro de Pozuelo de Alarcón (Madrid) y no andaba demasiado cansado. Normalmente cuando doy conciertos en días consecutivos los acometo con mejor ánimo, es una especie de trabajar bajo presión en la que no permites relajarte demasiado y la concentración va a más. Así, con previsión de lluvia que se cumplió en el camino, con alguna que otra granizada intermitente, emprendí carretera hacia Navalmoral de la Mata. Para mí, que no suelo tener unas vacaciones al uso, cualquier viaje me supone mezclar el ocio con el trabajo, aunque siempre que llegas a una localidad para dar un concierto apenas tienes 2 horas de turismo, quizás tiempo justo para ver lo más destacado de la localidad y a servidor que es un enamorado del arte y  la arquitectura sólo le da tiempo a ver los edificios más significativos.
Llegué a Navalmoral de la Mata sobre las 15h y callejeando un poco tras volverme medio loco con el maldito navegador localicé la Casa de Cultura. Era el momento de pasear, tomarme un café y descubrir en el centro el primer edificio más destacado: la iglesia de San Andrés, cuya aparición en el mismo centro de la localidad sorprende por su grandiosidad. Siempre me han gustado los monumentos y edificios integrados en el mismo centro de una población o que aparezcan tras callejear un poco y te sorprenda su majestuosidad (algo parecido me ocurrió Florencia con el Duomo que emerge inmenso tras andar por estrechas calles). La iglesia fue construida sobre otra iglesia de menor tamaño como era en ocasiones habitual, durante el S. XV y finalizada en el XVI, por lo que es de estilo renacentista  con particularidades góticas. Con esa plancetera visión me tomé mi necesario café con leche antes de la prueba de sonido.
Pienso que todas las casas de cultura tienen su encanto o por lo menos hay que buscarlo. De camino hacia ella me encontré con el Cine Teatro en construcción habilitado en el antiguo mercado de abastos de la localidad y según me dijeron estaba a punto de ser terminado. Pensé ¿otra obra parada víctima de la burbuja cultural inmobiliaria? Espero que se le dé uso rápidamente porque uno de los grandes fallos habidos en cultura - contagiada por la vorágine constructora de hace años - ha sido destinar millones de euros de inversión en conformar "continentes" y cero presupuesto en la programación, en el contenido en sí cultural, lo que da vida en definitiva a un edificio de índole cultural. Siempre he preferido un antiguo teatro bien conservado que un frío edifico de cemento con denominación de teatro, aunque este Cine Teatro parece estar hecho con cierto gusto, quizás porque era realmente un antiguo mercado.
Ya en la casa de Cultura me atendió amablemente Ana, técnica de cultura dispuesta a facilitar todo el montaje y en mutua colaboración fuimos decidiendo la mejor disposición de la pantalla, el proyecto y la situación del piano. En la parte de atrás del escenario, en una sala me encontré con una banqueta con una pata rota y comencé a tener sudores fríos pensando que desde mi último incidente que narro en mi anterior post, las banquetas rotas me iban a perseguir en cada concierto, pero no fue así, obviamente!.


 "Un Piano de Cine" se caracteriza porque toco acompañado de imágenes y fragmentos de las películas cuyas bandas sonoras interpreto, por lo que ya no se centra el asunto en una prueba de sonido pues no es necesario con el piano de cola que suele haber en cada centro pero sí una posición escénica del piano y de la pantalla para que el espectáculo sea conjunto y como siempre digo, intentar rememorar la figura del pianista "apartado" a una esquina cuando se emitían en las incipientes salas de proyección de cine mudo de principios de siglo XX. Ese es, en sí, el concepto que quiero lograr: que el público no asista a un concierto de bandas sonoras al piano, sino que acuda al cine mientras oye a un pianista ejecutar las notas de acompañamiento.
Y como en ocasiones sucede, ese día coincidía mi concierto con dos partidos de fútbol de "esos imprescindibles" entre las 20h y las 23h (el concierto era a las 21h). Una vez más cultura versus fútbol y que nadie me venga diciendo que el fútbol también es cultura. Uno ya tiene superada la incertidumbre de si vendrá mucho o poco público a causa del fútbol porque con el tiempo he comprobado que hay público para todo y no me considero para nada un pianista afamado pero sí que es verdad que mi Piano de Cine como proyecto atrae a la gente. Y así sucedió, no se llenó el patio de butacas pero hubo un considerable público, algo más de la mitad y el concierto fue uno de los más relajados en los que he tocado, quizás por eso que he comentado al principio, trabajar de forma continua y con cierta presión ayuda. Mientras Ronaldo y Messi en sus respectivas faenas marcaban goles, hacían faltas y los entrenadores ponían sus habituales caras largas y de enfadados con la vida, yo, servidor, de forma humilde pero apasionada iba acometiendo tema a tema, recogiendo aplausos calurosos y bises al final... y con cara de satisfacción y alegría que me otorga un piano, una sala y sobre todo, un afectuoso público, emprendí viaje de vuelta a casa, a la del Pianista en la sierra.

viernes, 6 de abril de 2012

La noche en que me caí de la banqueta del piano

Ya quería yo comenzar en este blog mi anecdotario y que mejor con este pequeño post de "La noche en que me caí de la banqueta del piano". Pues sí, siempre hay una primera vez. Cuando vas a dar un concierto piensas en no olvidarte aquellos elementos que pueden ser necesarios en cualquier momento, como por ejemplo ciertas partituras, pinzas de la ropa! si tocas al aire libre, luz,....muchas cosillas para que no se complique el directo; y piensas en estar concentrado y al tiempo disfrutar. Pero no piensas en lo que no debería pasar, como caerse de la banqueta del piano. Y eso fue lo que me ocurrió en el concierto del pasado viernes en SORCAS.
Estaba yo en la segunda parte del concierto con uno de los cortos de Chaplin que acompaño en directo, "Charlot en el Teatro", y disfrutando de la pianola de 100 años. Pero lo que nunca llegué a suponer es que quizás la banqueta acompañante de tan insigne instrumento podría perfectamente tener la misma edad. En escena (en el corto de Charlot), sale un individuo vestido de demonio lanzando fuego mientras yo acometo con gran energía acordes menores en la parte más grave de la pianola para ambientar la siniestra salida y... en fracción de segundos me veo en el suelo. La banqueta cedió (un grito agudo en la sala) y una de sus patas se rompe en seco mientras ya con mi santas posaderas en el suelo del escenario me levanto en cuclillas para seguir tocando, pues es lo único que se me pasó por la cabeza! (The show must go on!) y pudo ser también por la rápida intervención de Sheila, encantadora técnica de sonido del SORCAS que está en todo, hasta para traer presto una silla para poder continuar.
En medio del susto sigue la película y el público me dedica un caluroso aplauso que desde luego me anima a seguir y a no tener sentido del ridículo, a parte de que no hay nada mejor que reírse de uno mismo, cosa que hacía mientras seguía tocando.
Finalicé la actuación de buena manera, sin resentimiento hacia la banqueta traidora y con varios bises. Luego recibí comentarios de que mi caída fue muy elegante - ¿cómo se cae uno elegantemente?.
En fin, creo gracioso comenzar el apartado de anécdotas de Un Pianista en la Sierra con esta caída, que aunque elegante no deja de ser aparatosa cuando uno está en directo. Ya irán "cayendo" más anécdotas de otros tiempos de mi trayectoria que a la par de elegantes, increíbles, como la noche que toqué "Let it be" , improvisada e inesperadamente, acompañando a Catherine Zeta Jones cantando.

domingo, 11 de marzo de 2012

Reflexiones del Pianista en la Sierra: satisfacciones musicales

Ningún concierto es igual al anterior. Ni el espacio donde lo das, ni el público, aunque ya te hayan escuchado anteriormente, ni tu propia ejecución como músico, que debe ser siempre diferente,... todo tiene la gran cualidad de ser un momento único, como la música que es efímera, pasan las notas y han sido esas notas en el aire totalmente diferentes a las de cualquier otro momento. Esa es la auténtica magia del directo que nunca podrá superar una grabación ni una máquina y ni tan siquiera el propio músico que realmente se ve atrapado y transportado por la música que surgue de sus manos, su voz...
Poder vivir la experiencia de forma continuada de dar conciertos en directo con sus satisfacciones e innatas preocupaciones de intentar dar siempre lo mejor de uno mismo es incomparable musicalmente a cualquier otra situación. Incluso ahora que estoy planteando la grabación de mi primer disco de composiciones propias sé a ciencia cierta que aunque me satisfaga lo grabado en el futuro nunca se acercará ni por asomo a la sensación que tiene uno al tocar en directo.
Y si hoy me sorprendo con estas reflexiones es síntoma de una gran satisfacción por el concierto realizado en el día de ayer con The Pop Art Ensemble, proyecto o mejor dicho sueño que se ha hecho realidad. Como todo lo onírico o como mis propios sueños, esos en los que nadie puede entrar, no tenía éste una forma predefinida. Era tener la sensación de realizar versiones de una manera diferente, imbuirlas de mi propia personalidad como pianista y hacer partícipe a otros músicos y con su valiosa aportación, de mi forma de entender la música de mis adorados Beatles. Y que mejor que comenzar poco a poco; y es que The Pop Art Ensemble comenzó como un "simple" dúo de voz piano y ha acabado en eso, en una ensemble de músicos formada por un cuarteto de cuerda y ese incipiente dúo.
Sí, ayer fue un gran concierto e intento decirlo con humildad de músico que se siente satisfecho con lo dado al público pero que, - muy importante - a la par disfruta desde el escenario, vive la música escuchando desde el escenario...es algo difícil de expresar.
Y es que con The Pop Art Ensemble buscamos esa vuelta de tuerca a los temas ya archiconocidos del cuarteto de Liverpool y que mejor que hacer un "She loves you" como un blues y con cuarteto de cuerdas o cuando nos da por interpretar el último single de Paul McCartney recién estrenado hace menos de un mes, "My Valentine".


Ideas e ilusiones espontáneas que sinceramente creo que otorgan aire fresco a cualquier proyecto musical, tanto para los propios músicos como para el público oyente, el que tiene la última palabra y las de ayer fueron calor y aplausos.


viernes, 17 de febrero de 2012

Enero, mes de conciertos...en Barcelona con la curiosa historia de un piano callejero

Hacía casi 5 años que no volvía a Barcelona para dar un concierto. En aquella ocasión fui al Centro Cultural de Caja Madrid, en plena Plaza Cataluña, presentando mi concierto "De Lennon a McCartney", precisamente un proyecto embrión de versiones de mis amados Beatles en clave de Jazz que actualmente ha crecido en la forma de The Pop Art Ensemble (un cuarteto de cuerdas con voz y servidor al piano). Lo que más recuerdo de aquel concierto es el magnífico piano Bossendörfer que tenían desde el punto en que esta marca se ha convertido en mi piano preferido. Siempre que voy a dar un concierto en un teatro o centro cultural tengo el lógico interés por saber que marca de piano me voy a encontrar y cuando me encuentro con un Bossendörfer (cosa no demasiado usual) se me iluminan los ojos pensando en que el instrumento me ayuda en un porcentaje alto en mi interpretación.

Y a finales del pasado enero regresé a Barcelona para dos conciertos contratados con mi espectáculo "Un Piano de Cine". El primero en el Centre Cívic La Sedeta (un pequeño centro cultural del distrito de Gracia) en el que también toqué hace 6 años.

Llegué a Barcelona al mediodía y tenía bastante tiempo, prácticamente toda la tarde hasta antes de la hora del concierto. Saludé a Esperanza, la directora del centro con la que, como con algunas personas del gremio, tenemos una relación casi de amistad a través del teléfono y el correo electrónico y nos vemos las caras cuando cerramos un concierto (ojalá muchos programadores fueran así de cercanos!). Esperanza me enseñó la sala y me dió a elegir entre dos pianos, ambos de pared y cada uno bien distinto uno del otro. Uno, negro, de marca coreana cuyo nombre no me acuerdo, bastante bien afinado y con sonido suave, pero "pequeño"... sí, sonido pequeño... para quedar claro, con menos cuerpo. El otro, un piano desatartalado en todo su ámbito. Algo desafinado y grafiteado por todas partes. Mi duda era: ¿dar un concierto pulcro de sonido, afinado con el "coreano"? o bien, ¿dar un concierto con riesgo de desafines pero al tiempo con cierta complicidad de sonido añejo con el piano grafiteado?. Su historia era curiosa y de una inciativa como menos original. Fue uno de los 20 pianos que estuvieron en plena calle durante 10 días con ocasión del Festival Maria Canals que acogió la curiosa idea del artista británico Luke Jerram de repartir esos pianos por la ciudad con el lema "Tocáme, soy tuyo" y que además se completó con la acción decoradora de alumnos de la Escuela Massana y el propio Luke Jerram. Así que me encuentro con un piano pintado de vistosos colores con historia propia.
Me pareció divertido, además de tener un sonido con un saque mucho más directo que el coreano, y con cierto toque añejo, apropiado pues para mi repertorio.  Me pudo más el piano pintarrajeado y su historia que el serio piano coreano de estudio al uso. Como no me alojaba en hotel, pues otro de los motivos de ir a Barcelona era el reencuentro con amigos de la adolescencia y pasaba noche en casa de mi gran amigo Juanjo, tenía toda la tarde por delante para "hacerme amigo" del piano, expresión que suelo decir cuando voy a probar el piano de la sala en cuestión.


Así que qué mejor que practicar con uno de los últimos ragtimes de Scott Joplin que estoy estudiando, "Weeping Willow" (espero estrenar dentro de un año un concierto dedicado exclusivamente al ragtime); aunque aún no está del todo terminado siempre que puedo lo practico en diferentes ambientes  y pianos, y el coloreado parecía ideal para ello. Estuve al final como 3 horas practicando el repertorio de la noche, cosa rara en mi porque normalmente no tengo tanto tiempo. Pero de esta manera no podía esperar otra cosa que dar un concierto con tranquilidad, aunque finalmente el piano a mitad de concierto aumentó su desafinación, y es que un piano hay que acariciarlo cada día. Pero fue de esos conciertos relajados, curiosos por el instrumento que tenía en mis manos y con un público muy entregado. Precisamente uno de los motivos por los que me gusta salir de Madrid para dar conciertos es observar los posibles públicos diferentes; ¿gustará lo que hago? es una de las preguntas recurrentes que me hago y al final llego a la conclusión que el público siempre está dispuesto a escuchar y a apreciar lo que artista ofrece desde el escenario.

Va a hacer ya dos años que voy rodando "Un Piano de Cine" (espectáculo que combina mis interpretaciones de bandas sonoras en directo mientras en una pantalla se suceden las imágenes de la película) y creo que es uno de los proyectos con los que más he disfrutado en solitario. Junta en el escenario dos de mis pasiones: el cine y la música y no deja de salir mi lado peliculero cuando Ingrid Bergman me dice que toque "As time goes by" o cuando me coloco mi gorra años 30 para interpretar "The Entertainer" de la película "El Golpe". Disfruto mucho y creo que lo transmito en el escenario. Satisfecho pues con el concierto, el solítico amigo Juanjo (gran road-manager aunque él no lo sepa) me llevó a cenar al Vienna de Sabadell, ciudad que no pisaba desde hacía 20 años! y que fue donde pasé mi época adolescente.

Al día siguiente mi segundo concierto era en el Auditori de Castellar del Vallés, pero tenía toda una mañana de reencuentros con la ciudad y sus calles; donde solía tomar mis "jirafas con submarino" había una farmacia, que pena!. Pero a pesar de los lógicos cambios (sobretodo de comercios) la ciudad se me asemejaba igual o bien quería verlo así para recordar mis jóvenes momentos en Sabadell, donde estudié, pisé por primera vez una discoteca, ví Jesucristo Superstar en aquel cine Euterpe o acudía a mi tienda de discos preferida para comprar todos los vinilos de los Beatles, que ahora tienen 30 años! Me hice un café con Carmina, nueva amiga que de hecho era amiga cuando tenía 17 años pero apenas nos conocíamos! y fue un placer re-conocerla.

Un buen piano de cola Yamaha me esperaba en el Auditori de Castellar. Con ese sonido brillante pero con el que tienes que tener más tacto y procurar matizar mejor porque sino el sonido se dispara. Me fue imposible grabar el concierto. Siempre me gusta grabarme los conciertos porque nunca se sabe si tu interpretación va a ser mágica ese día, si se está especialmente inspirado o bien todo lo contrario, si cometes fallos y así tomar nota. Pero precisamente fue uno de los conciertos con mayor sentimiento y servidor sentado al piano se sintió emocionado en algunos temas, especialmente tocando a Morricone y su Cinema Paradiso. Es difícil equilibrar concentración y emoción. Concentración para una buena ejecución (palabra que se usa mucho en lo musical pero que no me gusta nada realmente) y emoción para dar tu propia interpretación y comunicar al público lo que sientes con ella. Cuando la balanza contiene esos dos aspectos creo que se alcanza el objetivo final: emocionar con la música de un humilde pianista.

Tras el concierto, más reencuentro con amigos: ese Jordi que me metió en vena a los Beatles cuando contaba con 15 años, cena con Juanjo y Carmina, despedida y cierre, pues al día siguiente volvía a mi base, la del pianista en la sierra.

sábado, 4 de febrero de 2012

Enero, mes de conciertos...con Face 2 Jazz

En mi oficio y en los tiempos que corren no es muy usual tener un mes copado de conciertos. Este mes de enero que ya ha terminado he estado ofreciendo conciertos prácticamente todos los fines de semana. Siempre he dicho que me gusta tocar en toda clase de espacios, desde restaurantes y locales hasta en teatros y salas de cultura, y cada espacio tiene su ambiente y con ello la necesidad de adaptarse. Es curioso cómo por parte del artista también cambia la forma de afrontar el cansancio que supone tocar en cada uno de esos espacios. Si bien ofrecer un concierto o amenización en un local o restaurante supone más horas de trabajo, lo que conlleva a un lógico cansancio físico, ofrecer un concierto en un teatro supone un cansancio más mental, que sin menospreciar para nada tocar en un restaurante, sentarse frente al piano en un teatro implica mayor concentración y dominio de los nervios (esas mariposas escénicas que se alojan en el estómago y que son necesarias). El público puede llegar a ser el mismo pero su disposición es algo diferente. Sin embargo debo confesar que he llegado a un punto en que cada concierto se me asemeja en esfuerzo y resultados. Me explico: en un local o restaurante he llegado a encontrar un público atento y a la espera de oír un concierto como si estuviera en un teatro. A mí, que me gusta y suelo hablar presentando y explicando cada uno de los temas que voy a acometer con las teclas, en restaurantes no lo veía, digamos, del todo apropiado. Pero cada vez estoy más convencido de la realidad del "poder del artista en el escenario". Es un poder efímero en el que durante el tiempo que estás en el escenario el público oyente otorga al artista su atención y éste debe cuidar esa atención. Soy de los músicos que piensan que no basta con sentarse a hacer música, sino que es necesario la interacción con el oyente a través de recursos, entre otros, como la palabra; por ello últimamente compruebo que aunque el público de un restaurante o local va a satisfacer su paladar, si hablas te escuchan, como la prueba de fuego de que si tocas a volumen más bajo hay mayor atencióin. Por la otra parte, la del público que va a un teatro, creo que también llega a agradecer cierta distensión en la seriedad que en ocasiones inundan el espacio de las butacas y llegar a transformar un teatro en un café - teatro en lo que respecta a cercanía del artista con el público. Y todo esto lo comento porque como bien sabéis el propósito central de este blog es la cercanía con el público y relatar mis experiencias desde el escenario y como he comenzado, este mes he tenido muchas experiencias a través de los conciertos dados.
Han sido, pues, fines de semana completos. Por una parte con el dúo Face 2 Jazz, en el que servidor como siempre está al piano acompañando a la voz de Vanesa Sierra y moviéndonos por ese blues añejo de principios de siglo XX. Hacía tiempo que no teníamos conciertos y de golpe nos vienen dos juntitos. Debo confesar que Face 2 Jazz somos un dúo de "no ensayos" y nos sentimos realmente a gusto así, aprendemos a improvisar y los temas nunca suenan igual.
Nuestro primer concierto del año fue el 20 de enero en S.O.R.C.A.S, un escenario amigo que frecuento. Recomiendo encarecidamente este...¿cómo llamarlo?..¿local?...?¿centro cultural?... S.O.R.C.A.S. es una asociación cultural con historia situado en Moralzarzal, con un escenario agradable igual que todo el ambiente que se respira. Es un centro cultural y también es un local donde se puede cenar en plan informal y tomar copas...creo que casi podría denominarlo un Café - Teatro con una programación de lo más diversa, desde grupos de rock incipientes, pasando por teatro, los monólogos, mercadillos los domingos... vamos, una gran labor con tintes familiares en el que se puede respirar, como se dice, buen rollo, sobre todo por la gente que lo gestiona. Desde hace unos meses tiene para mí un aliciente más: tienen una pianola que les han cedido, marca Decker & Son de New York que, sin saberlo a ciencia cierta, se le calcula una edad de 100 años. Para mí es un aliciente ya no sólo porque no me tengo que llevar mi piano eléctrico sino porque tocar con un instrumento con un sonido tan añejo es perfecto para el repertorio que suelo hacer. Como siempre en S.O.R.C.A.S. hubo un público muy agradecido y fue de esos conciertos que te vas realmente satisfecho a casa.
Al día siguiente Face 2 Jazz tocabamos en Chakai Drink & Shop La Cita del Té y el aliciente en este caso era precisamente el sitio. Me gusta encontrarme con sitios que respiran carácter, que buscan originalidad, no solo en el contenido o espacio sino en el trato que se recibe y más si también apuestan por incluir una oferta cultural. Por tanto era la primera vez que tocabamos en ese original espacio y aunque conllevaba mayor inversión de esfuerzo llevando equipo de sonido y piano siempre al final compensa. Tuvimos ( el local y los músicos) lleno total (hasta tuvieron que ampliar con mesas para más reservas). No sé exactamente porqué pero casi 2 semanas antes notábamos una cierta expectación por el concierto. Funcionó el tema de resevas de mesa; las redes sociales, desde nuestra humilde posición y en nuestro círculo cercano, funcionaron y vinieron seguidores y público del local por lo que se creó un ambiente de respeto por la música (algo no necesariamente obligado al tocar en un local). Es exactamente lo que he mencionado al inicio de este post: en ocasiones el público de un local que va a tomarse sus copas o tés (mejor en este caso) se comporta, o mejor dicho, se quiere comportar como si estuviera en un teatro escuchando tranquilamente un concierto. Eso es de agradecer. Tras estos conciertos seguidos con Face 2 Jazz me tocaba una carrera a contrarreloj, cambiar de tercio (repertorio) y prepararme para los conciertos del siguiente fin de semana en Barcelona que os relataré en mi próximo post. Saludos musicales!

jueves, 19 de enero de 2012

De cómo servidor se encontró con la MÚSICA.

Sin pretender hacer biografía de mí mismo, sí os contaré diversas etapas de mi relación con la música, no de forma exactamente cronológica, e intentando ser lo más ameno posible. Ahora que este año 2012 cumplo 25 años sobre los escenarios, creo que es una buena forma de iniciar la narración de "Cómo servidor se encontró con la Música".
Con el tiempo todo el mundo conforma una amalgama de su propio bagaje cultural y en él suele entrar la MÚSICA como compañera inseparable de sensaciones y vivencias a lo largo de nuestra existencia. Y son en las primera etapas en las que dichas sensaciones quedan grabadas de forma más persistente. Es el inicio, la novedad... ese sentimiento primero que surge al escuchar una canción que nunca habías escuchado, como el primer beso. Y si a esa primera relación con la música se incorpora la participación activa- la ejecución de la misma música- la impronta es mayor.
Como oyentes podemos ser activos y pasivos y en un principio ambas formas son positivas. Si desde niños tenemos la oportunidad de estar escuchando música, la de tus padres, aunque sea de forma pasiva, esa música va calando y al tiempo conformando tus propios gustos; aprendes a descartar e incorporar a la vez distintos géneros y estilos. En definitiva, aprendes a valorar cuán valiosa es la música, pues nos conforta en cualquier estado de ánimo que tengamos. Es lo que siempre he defendido: la gran importancia que tiene la música en nuestra vida diaria y en nuestro desarrollo personal. Un hecho incuestionable que para mí y mucha gente es algo normal pero que parece que en nuestros tiempos queda relegado a un plano secundario.
Y mi primer recuerdo de la música como oyente fueron todos los vinilos que mi padre escuchaba. Existía el sillón de la música en casa, ese cómodo lugar donde te dejabas transportar por una escucha atenta cuya única interrupción era para dar la vuelta al vinilo y seguir escuchando. Su colección estaba conformada por música clásica, las obras más típicas o conocidas pero indespensables como para sumergirme en ese género. Y luego estaban las típicas orquestas de versiones de Frank Purcel o Paul Mauriat que con los años se me asemejaron algo edulcoradas, sobre todo cuando conocía los temas originales de esas versiones. Pero era la moda de aquel momento. Mi madre me dio el contrapunto, era quizás más selectiva; pero gracias a ello me sumergí en los primeros acordes del Concierto para piano nº1 de Chaikovsky o en el conmovedor nº 2 de Rachmaninov. Esos desgarradores acordes iniciales de ambas obras que protagonizaba el piano en "lucha" con la orquesta me marcaron profundamente; parecían arrancar sensaciones nuevas para mí pero al tiempo tan viejas como los sentimientos que un adolescente por lo menos podía imaginar o sentir en su interior. Curioso, no?... que la música logre eso es algo mágico.
Pero no todo amalgama musical se conforma en tu ambiente más doméstico. Los amigos, los amigos de.., cualquier circunstancia podía sorpresivamente hacerte descubir nueva música. Si ahora la Red nos proporciona la inagotable fuente de búsqueda y encuentro con todo tipo de música a través de las redes sociales y diversas plataformas, hace tan sólo 30 años (ya ha llovido! pero es un tiempo relativamente corto) las cosas se intercambiaban como lo que eran, cosas físicas, no virtuales, en sus más variados formatos. Y la música se transmitía a través de los vinilos y las cintas de cassette, muchas de ellas seleccionadas con su particular etiqueta: "Baladas", "música de..." "música para..."...y así fue como un amigo de mi hermana me descubrió a un grupo que me sonaba por esas versiones que llamo edulcoradas de los vinilos de mi padre. Eran The Beatles. Dedicaré un post al cómo y porqué su música me cautivó, pero fue tal la impresión que me causaron esas canciones que pasé a desear tocar esa música, a emularla mínimamente con mi primera guitarra española que me compró mi madre, siempre atenta a mis inquietudes artísticas. Ya ella me proporcionó la posibilidad de estudiar bellas artes en una academia privada para colmar esas inquietudes adolescentes a las que se fue sumando la música y recuerdo tener un gran dilema: ¿pintura o música?
Al mismo tiempo no dejaba de ser un adolescente que escuchaba la música que la radio emitía, los famosos 40 principales o cualquier "Radio fórmula" que radiara la música del momento. Eran los ochenta y de principio curiosamente no atendía mucho a esa nueva ola llegada de Madrid. Prefería la música inglesa; su idioma me asemejaba perfecto a la música que oía y el mío propio me parecía "extraño". Tampoco tenía ningún grupo preferido (a parte de mis recién descubiertos Beatles), seguramente debido precisamente a esa Radio fórmula que potencia temas únicos para que escalaran los puestos de lista de éxitos y los temas, las canciones, van pasando.
Aún recuerdo el día en que mi padre trajo a casa un Organo Hammond Pipe II (que finalmente conservo yo en mi casa, adjunto documento fotográfico); supuestamente lo compró para aprender él. Ya tocaba la armónica de oído pero no pasaba de unas cuantas melodías y con el órgano en casa esperaba conseguir más resultados... pero acabé monopolizando el instrumento. Y recuerdo perfectamente la primera melodía que saqué de oído, pues ese Órgano Hammond tenía esos sonidos y ritmos variados con los que se podía conseguir ser de forma efímera una especie de "hombre orquesta".
El grupo en cuestión era OMD (Maniobras Orquestales en la Oscuridad) y la canción "Enola Gay". Una melodía sencilla que me apasionaba y que me vino a las manos de una forma simple, jugando. Después vinieron los acordes de Let it be, más difícil, pero que me ayudó a adentrarme de forma más seria en el teclado.

Recuerdo pues, principalmente esas dos melodías, pertenecientes al pop, gran música y no tan banal como se dice cuando llegan a permitir a cualquier chaval iniciarse en el mundo de la música. Luego vendrían los encuentros con compañeros de instituto, amigos complíces de querer hacer algo de música y que nos nutríamos mutuamente, aunque fuera solo mirando como tocaban una guitarra o un teclado. Y mucho más tarde llegó el Blues... pero eso es otra historia.

domingo, 1 de enero de 2012

Tocando el piano en Nochevieja

Pues sí, terminé el año 2011 y comencé el 2012 con lo que más hago: tocando el piano para el público. Hacía muchos años que no lo hacía, que no trabajaba en Fin de Año; de hecho la primera vez fue también la última. Por una parte mi repertorio o estilo puede en un principio no adecuarse a una celebración como la de Nochevieja en cualquier restaurante u hotel, y por otra parte soy más de familia para pasar esa noche. La primera vez (y ya no última) que acepté trabajar tocando el piano fue cuando vivía en Mallorca y realmente no recuerdo el año exacto, creo que andaría entre 1998 y 2000 y fue bastante caótico. La oferta me vino a través de mi profesor de piano con el que más tiempo he durado, el maestro Tito Capblanquet, quien me puso las pilas y el único que me hizo pasar por el aro en determinados estudios de piano que como autodidacta y algo vago no quería enfrentarme. Pero eso es otra historia que contaré en mis experiencias de didáctica del instrumento...a lo que iba: me ofreció tocar en un restaurante porque requerían que la formación musical para amenizar esa noche fuera un dúo, pero....yo apenas tenía que hacer nada! era pura estética (no creo que por guapos). El repertorio era por supuesto el que comúnmente se llama de "pachanga", que a base de dos teclados con ritmos la cosa estaba hecha y yo únicamente tenía  que meter algunos "colchones" con acordes...me aburrí bastante y aunque acostumbrado en otros años a pasar alejado de la familia las fiestas de navidad, esa nochevieja no la llevé demasiado bien porque ni siquiera sentía que estaba haciendo música. Ahora me sonrío recordándolo pero en áquel momento me dije que nunca más iba a hacerlo, más por el concepto musical que representaba que por el significado de estar trabajando en nochevieja.
Sin embargo he de reconocer que ayer fue diferente. Primero, desde que hace meses me ofrecieron el trabajo, me mentalicé de trabajar en esa noche y cuadrar mis asuntos familiares...segundo, el lugar me ofrecía ciertas ventajas al ser un cliente habitual en mis servicios de amenización. Tocar en el Balneario El Bosque, al lado de casa, con piano en el lugar y ambiente tranquilo siempre se agradece. Lo que requerían de mí era amenizar durante la noche hasta poco antes de las campanadas y posteriormente hacer un espectáculo de cuentos, poesía y piano en el pequeño auditorio que dispone el Balneario. Así que lo ví como más atractivo el enfoque. Y ayer corroboré que sí, que efectivamente mi repertorio puede encajar perfectamente en cualquier noche y en una tan especial como la de ayer, porque iluso de mí, en un principio comencé con baladas y mi instinto (esa psicología que tenemos los músicos) me hizo corregir y dar caña al piano. Como éste es acústico y habiendo lleno no tenía sentido tocar suave y saqué mi batería de "blues" y swing y comenzaron los aplausos. Claro que algún tema estrella siempre hace que el público reaccione un poco más, como "Piano man", siempre gusta ese tema, será por la figura del pianista tocando un tema sobre un pianista?! Y aunque mi objetivo ayer noche tampoco era sacar aplausos, éstos sonaron como agradecimiento a la velada, tanto en su componente gastronómico como en el de oír música de acompañamiento.
Finalmente tomé las uvas en familia, en un margen de 10m para volver y realizar junto a Joaquin (uno de los fisoterapeutas de el Balneario y a la postre actor) el aperitivo poético - musical. Qué original manera de comenzar el año! Joaquín relató el cuento chino de los Siete Ratones Ciegos, una Oda al Cuerpo humano que hizo reír a pequeños y mayores, cuentos de Elena Walsh, una pequeña conferencia sobre "Animales prodigiosos",... y mientras servidor al piano iba intercalando piezas musicales que escogí para el momento, entre ellas composiciones propias y algún blues (por supuesto) que a los niños les divirtió. Realmente no lo habíamos preparado a través de ensayo; sólo con una charla la semana antes y un guión Joaquín y yo notamos la necesidad de hacerlo improvisado, fresco y natural, y así fue... y así entré en el nuevo año, trabajando, tocando el piano y con cuentos con moraleja!