viernes, 17 de febrero de 2012

Enero, mes de conciertos...en Barcelona con la curiosa historia de un piano callejero

Hacía casi 5 años que no volvía a Barcelona para dar un concierto. En aquella ocasión fui al Centro Cultural de Caja Madrid, en plena Plaza Cataluña, presentando mi concierto "De Lennon a McCartney", precisamente un proyecto embrión de versiones de mis amados Beatles en clave de Jazz que actualmente ha crecido en la forma de The Pop Art Ensemble (un cuarteto de cuerdas con voz y servidor al piano). Lo que más recuerdo de aquel concierto es el magnífico piano Bossendörfer que tenían desde el punto en que esta marca se ha convertido en mi piano preferido. Siempre que voy a dar un concierto en un teatro o centro cultural tengo el lógico interés por saber que marca de piano me voy a encontrar y cuando me encuentro con un Bossendörfer (cosa no demasiado usual) se me iluminan los ojos pensando en que el instrumento me ayuda en un porcentaje alto en mi interpretación.

Y a finales del pasado enero regresé a Barcelona para dos conciertos contratados con mi espectáculo "Un Piano de Cine". El primero en el Centre Cívic La Sedeta (un pequeño centro cultural del distrito de Gracia) en el que también toqué hace 6 años.

Llegué a Barcelona al mediodía y tenía bastante tiempo, prácticamente toda la tarde hasta antes de la hora del concierto. Saludé a Esperanza, la directora del centro con la que, como con algunas personas del gremio, tenemos una relación casi de amistad a través del teléfono y el correo electrónico y nos vemos las caras cuando cerramos un concierto (ojalá muchos programadores fueran así de cercanos!). Esperanza me enseñó la sala y me dió a elegir entre dos pianos, ambos de pared y cada uno bien distinto uno del otro. Uno, negro, de marca coreana cuyo nombre no me acuerdo, bastante bien afinado y con sonido suave, pero "pequeño"... sí, sonido pequeño... para quedar claro, con menos cuerpo. El otro, un piano desatartalado en todo su ámbito. Algo desafinado y grafiteado por todas partes. Mi duda era: ¿dar un concierto pulcro de sonido, afinado con el "coreano"? o bien, ¿dar un concierto con riesgo de desafines pero al tiempo con cierta complicidad de sonido añejo con el piano grafiteado?. Su historia era curiosa y de una inciativa como menos original. Fue uno de los 20 pianos que estuvieron en plena calle durante 10 días con ocasión del Festival Maria Canals que acogió la curiosa idea del artista británico Luke Jerram de repartir esos pianos por la ciudad con el lema "Tocáme, soy tuyo" y que además se completó con la acción decoradora de alumnos de la Escuela Massana y el propio Luke Jerram. Así que me encuentro con un piano pintado de vistosos colores con historia propia.
Me pareció divertido, además de tener un sonido con un saque mucho más directo que el coreano, y con cierto toque añejo, apropiado pues para mi repertorio.  Me pudo más el piano pintarrajeado y su historia que el serio piano coreano de estudio al uso. Como no me alojaba en hotel, pues otro de los motivos de ir a Barcelona era el reencuentro con amigos de la adolescencia y pasaba noche en casa de mi gran amigo Juanjo, tenía toda la tarde por delante para "hacerme amigo" del piano, expresión que suelo decir cuando voy a probar el piano de la sala en cuestión.


Así que qué mejor que practicar con uno de los últimos ragtimes de Scott Joplin que estoy estudiando, "Weeping Willow" (espero estrenar dentro de un año un concierto dedicado exclusivamente al ragtime); aunque aún no está del todo terminado siempre que puedo lo practico en diferentes ambientes  y pianos, y el coloreado parecía ideal para ello. Estuve al final como 3 horas practicando el repertorio de la noche, cosa rara en mi porque normalmente no tengo tanto tiempo. Pero de esta manera no podía esperar otra cosa que dar un concierto con tranquilidad, aunque finalmente el piano a mitad de concierto aumentó su desafinación, y es que un piano hay que acariciarlo cada día. Pero fue de esos conciertos relajados, curiosos por el instrumento que tenía en mis manos y con un público muy entregado. Precisamente uno de los motivos por los que me gusta salir de Madrid para dar conciertos es observar los posibles públicos diferentes; ¿gustará lo que hago? es una de las preguntas recurrentes que me hago y al final llego a la conclusión que el público siempre está dispuesto a escuchar y a apreciar lo que artista ofrece desde el escenario.

Va a hacer ya dos años que voy rodando "Un Piano de Cine" (espectáculo que combina mis interpretaciones de bandas sonoras en directo mientras en una pantalla se suceden las imágenes de la película) y creo que es uno de los proyectos con los que más he disfrutado en solitario. Junta en el escenario dos de mis pasiones: el cine y la música y no deja de salir mi lado peliculero cuando Ingrid Bergman me dice que toque "As time goes by" o cuando me coloco mi gorra años 30 para interpretar "The Entertainer" de la película "El Golpe". Disfruto mucho y creo que lo transmito en el escenario. Satisfecho pues con el concierto, el solítico amigo Juanjo (gran road-manager aunque él no lo sepa) me llevó a cenar al Vienna de Sabadell, ciudad que no pisaba desde hacía 20 años! y que fue donde pasé mi época adolescente.

Al día siguiente mi segundo concierto era en el Auditori de Castellar del Vallés, pero tenía toda una mañana de reencuentros con la ciudad y sus calles; donde solía tomar mis "jirafas con submarino" había una farmacia, que pena!. Pero a pesar de los lógicos cambios (sobretodo de comercios) la ciudad se me asemejaba igual o bien quería verlo así para recordar mis jóvenes momentos en Sabadell, donde estudié, pisé por primera vez una discoteca, ví Jesucristo Superstar en aquel cine Euterpe o acudía a mi tienda de discos preferida para comprar todos los vinilos de los Beatles, que ahora tienen 30 años! Me hice un café con Carmina, nueva amiga que de hecho era amiga cuando tenía 17 años pero apenas nos conocíamos! y fue un placer re-conocerla.

Un buen piano de cola Yamaha me esperaba en el Auditori de Castellar. Con ese sonido brillante pero con el que tienes que tener más tacto y procurar matizar mejor porque sino el sonido se dispara. Me fue imposible grabar el concierto. Siempre me gusta grabarme los conciertos porque nunca se sabe si tu interpretación va a ser mágica ese día, si se está especialmente inspirado o bien todo lo contrario, si cometes fallos y así tomar nota. Pero precisamente fue uno de los conciertos con mayor sentimiento y servidor sentado al piano se sintió emocionado en algunos temas, especialmente tocando a Morricone y su Cinema Paradiso. Es difícil equilibrar concentración y emoción. Concentración para una buena ejecución (palabra que se usa mucho en lo musical pero que no me gusta nada realmente) y emoción para dar tu propia interpretación y comunicar al público lo que sientes con ella. Cuando la balanza contiene esos dos aspectos creo que se alcanza el objetivo final: emocionar con la música de un humilde pianista.

Tras el concierto, más reencuentro con amigos: ese Jordi que me metió en vena a los Beatles cuando contaba con 15 años, cena con Juanjo y Carmina, despedida y cierre, pues al día siguiente volvía a mi base, la del pianista en la sierra.

sábado, 4 de febrero de 2012

Enero, mes de conciertos...con Face 2 Jazz

En mi oficio y en los tiempos que corren no es muy usual tener un mes copado de conciertos. Este mes de enero que ya ha terminado he estado ofreciendo conciertos prácticamente todos los fines de semana. Siempre he dicho que me gusta tocar en toda clase de espacios, desde restaurantes y locales hasta en teatros y salas de cultura, y cada espacio tiene su ambiente y con ello la necesidad de adaptarse. Es curioso cómo por parte del artista también cambia la forma de afrontar el cansancio que supone tocar en cada uno de esos espacios. Si bien ofrecer un concierto o amenización en un local o restaurante supone más horas de trabajo, lo que conlleva a un lógico cansancio físico, ofrecer un concierto en un teatro supone un cansancio más mental, que sin menospreciar para nada tocar en un restaurante, sentarse frente al piano en un teatro implica mayor concentración y dominio de los nervios (esas mariposas escénicas que se alojan en el estómago y que son necesarias). El público puede llegar a ser el mismo pero su disposición es algo diferente. Sin embargo debo confesar que he llegado a un punto en que cada concierto se me asemeja en esfuerzo y resultados. Me explico: en un local o restaurante he llegado a encontrar un público atento y a la espera de oír un concierto como si estuviera en un teatro. A mí, que me gusta y suelo hablar presentando y explicando cada uno de los temas que voy a acometer con las teclas, en restaurantes no lo veía, digamos, del todo apropiado. Pero cada vez estoy más convencido de la realidad del "poder del artista en el escenario". Es un poder efímero en el que durante el tiempo que estás en el escenario el público oyente otorga al artista su atención y éste debe cuidar esa atención. Soy de los músicos que piensan que no basta con sentarse a hacer música, sino que es necesario la interacción con el oyente a través de recursos, entre otros, como la palabra; por ello últimamente compruebo que aunque el público de un restaurante o local va a satisfacer su paladar, si hablas te escuchan, como la prueba de fuego de que si tocas a volumen más bajo hay mayor atencióin. Por la otra parte, la del público que va a un teatro, creo que también llega a agradecer cierta distensión en la seriedad que en ocasiones inundan el espacio de las butacas y llegar a transformar un teatro en un café - teatro en lo que respecta a cercanía del artista con el público. Y todo esto lo comento porque como bien sabéis el propósito central de este blog es la cercanía con el público y relatar mis experiencias desde el escenario y como he comenzado, este mes he tenido muchas experiencias a través de los conciertos dados.
Han sido, pues, fines de semana completos. Por una parte con el dúo Face 2 Jazz, en el que servidor como siempre está al piano acompañando a la voz de Vanesa Sierra y moviéndonos por ese blues añejo de principios de siglo XX. Hacía tiempo que no teníamos conciertos y de golpe nos vienen dos juntitos. Debo confesar que Face 2 Jazz somos un dúo de "no ensayos" y nos sentimos realmente a gusto así, aprendemos a improvisar y los temas nunca suenan igual.
Nuestro primer concierto del año fue el 20 de enero en S.O.R.C.A.S, un escenario amigo que frecuento. Recomiendo encarecidamente este...¿cómo llamarlo?..¿local?...?¿centro cultural?... S.O.R.C.A.S. es una asociación cultural con historia situado en Moralzarzal, con un escenario agradable igual que todo el ambiente que se respira. Es un centro cultural y también es un local donde se puede cenar en plan informal y tomar copas...creo que casi podría denominarlo un Café - Teatro con una programación de lo más diversa, desde grupos de rock incipientes, pasando por teatro, los monólogos, mercadillos los domingos... vamos, una gran labor con tintes familiares en el que se puede respirar, como se dice, buen rollo, sobre todo por la gente que lo gestiona. Desde hace unos meses tiene para mí un aliciente más: tienen una pianola que les han cedido, marca Decker & Son de New York que, sin saberlo a ciencia cierta, se le calcula una edad de 100 años. Para mí es un aliciente ya no sólo porque no me tengo que llevar mi piano eléctrico sino porque tocar con un instrumento con un sonido tan añejo es perfecto para el repertorio que suelo hacer. Como siempre en S.O.R.C.A.S. hubo un público muy agradecido y fue de esos conciertos que te vas realmente satisfecho a casa.
Al día siguiente Face 2 Jazz tocabamos en Chakai Drink & Shop La Cita del Té y el aliciente en este caso era precisamente el sitio. Me gusta encontrarme con sitios que respiran carácter, que buscan originalidad, no solo en el contenido o espacio sino en el trato que se recibe y más si también apuestan por incluir una oferta cultural. Por tanto era la primera vez que tocabamos en ese original espacio y aunque conllevaba mayor inversión de esfuerzo llevando equipo de sonido y piano siempre al final compensa. Tuvimos ( el local y los músicos) lleno total (hasta tuvieron que ampliar con mesas para más reservas). No sé exactamente porqué pero casi 2 semanas antes notábamos una cierta expectación por el concierto. Funcionó el tema de resevas de mesa; las redes sociales, desde nuestra humilde posición y en nuestro círculo cercano, funcionaron y vinieron seguidores y público del local por lo que se creó un ambiente de respeto por la música (algo no necesariamente obligado al tocar en un local). Es exactamente lo que he mencionado al inicio de este post: en ocasiones el público de un local que va a tomarse sus copas o tés (mejor en este caso) se comporta, o mejor dicho, se quiere comportar como si estuviera en un teatro escuchando tranquilamente un concierto. Eso es de agradecer. Tras estos conciertos seguidos con Face 2 Jazz me tocaba una carrera a contrarreloj, cambiar de tercio (repertorio) y prepararme para los conciertos del siguiente fin de semana en Barcelona que os relataré en mi próximo post. Saludos musicales!