miércoles, 18 de abril de 2012

Crónica del concierto de "Un Piano de Cine" en Navalmoral de la Mata sábado 14 abril

Como ya comenté cuando a principios de año llevé mi "Piano de Cine" a Barcelona, me gusta salir a ofrecer este espectáculo fuera de mi ámbito local y allá donde se interesan hago maletas y conozco localidades que nunca he visitado, público nuevo y en fin, nuevas experiencias. Así el sábado pasado ofrecía el concierto en la Casa de Cultura de Navalmoral de la Mata (Cáceres), una localidad de cerca de 20.000 habitantes, aunque no demasiado lejos de mi sierra madrileña donde vivo, apenas a dos horas y media en coche. La noche anterior había dado el concierto con The Pop Art Ensemble en el MIRA Teatro de Pozuelo de Alarcón (Madrid) y no andaba demasiado cansado. Normalmente cuando doy conciertos en días consecutivos los acometo con mejor ánimo, es una especie de trabajar bajo presión en la que no permites relajarte demasiado y la concentración va a más. Así, con previsión de lluvia que se cumplió en el camino, con alguna que otra granizada intermitente, emprendí carretera hacia Navalmoral de la Mata. Para mí, que no suelo tener unas vacaciones al uso, cualquier viaje me supone mezclar el ocio con el trabajo, aunque siempre que llegas a una localidad para dar un concierto apenas tienes 2 horas de turismo, quizás tiempo justo para ver lo más destacado de la localidad y a servidor que es un enamorado del arte y  la arquitectura sólo le da tiempo a ver los edificios más significativos.
Llegué a Navalmoral de la Mata sobre las 15h y callejeando un poco tras volverme medio loco con el maldito navegador localicé la Casa de Cultura. Era el momento de pasear, tomarme un café y descubrir en el centro el primer edificio más destacado: la iglesia de San Andrés, cuya aparición en el mismo centro de la localidad sorprende por su grandiosidad. Siempre me han gustado los monumentos y edificios integrados en el mismo centro de una población o que aparezcan tras callejear un poco y te sorprenda su majestuosidad (algo parecido me ocurrió Florencia con el Duomo que emerge inmenso tras andar por estrechas calles). La iglesia fue construida sobre otra iglesia de menor tamaño como era en ocasiones habitual, durante el S. XV y finalizada en el XVI, por lo que es de estilo renacentista  con particularidades góticas. Con esa plancetera visión me tomé mi necesario café con leche antes de la prueba de sonido.
Pienso que todas las casas de cultura tienen su encanto o por lo menos hay que buscarlo. De camino hacia ella me encontré con el Cine Teatro en construcción habilitado en el antiguo mercado de abastos de la localidad y según me dijeron estaba a punto de ser terminado. Pensé ¿otra obra parada víctima de la burbuja cultural inmobiliaria? Espero que se le dé uso rápidamente porque uno de los grandes fallos habidos en cultura - contagiada por la vorágine constructora de hace años - ha sido destinar millones de euros de inversión en conformar "continentes" y cero presupuesto en la programación, en el contenido en sí cultural, lo que da vida en definitiva a un edificio de índole cultural. Siempre he preferido un antiguo teatro bien conservado que un frío edifico de cemento con denominación de teatro, aunque este Cine Teatro parece estar hecho con cierto gusto, quizás porque era realmente un antiguo mercado.
Ya en la casa de Cultura me atendió amablemente Ana, técnica de cultura dispuesta a facilitar todo el montaje y en mutua colaboración fuimos decidiendo la mejor disposición de la pantalla, el proyecto y la situación del piano. En la parte de atrás del escenario, en una sala me encontré con una banqueta con una pata rota y comencé a tener sudores fríos pensando que desde mi último incidente que narro en mi anterior post, las banquetas rotas me iban a perseguir en cada concierto, pero no fue así, obviamente!.


 "Un Piano de Cine" se caracteriza porque toco acompañado de imágenes y fragmentos de las películas cuyas bandas sonoras interpreto, por lo que ya no se centra el asunto en una prueba de sonido pues no es necesario con el piano de cola que suele haber en cada centro pero sí una posición escénica del piano y de la pantalla para que el espectáculo sea conjunto y como siempre digo, intentar rememorar la figura del pianista "apartado" a una esquina cuando se emitían en las incipientes salas de proyección de cine mudo de principios de siglo XX. Ese es, en sí, el concepto que quiero lograr: que el público no asista a un concierto de bandas sonoras al piano, sino que acuda al cine mientras oye a un pianista ejecutar las notas de acompañamiento.
Y como en ocasiones sucede, ese día coincidía mi concierto con dos partidos de fútbol de "esos imprescindibles" entre las 20h y las 23h (el concierto era a las 21h). Una vez más cultura versus fútbol y que nadie me venga diciendo que el fútbol también es cultura. Uno ya tiene superada la incertidumbre de si vendrá mucho o poco público a causa del fútbol porque con el tiempo he comprobado que hay público para todo y no me considero para nada un pianista afamado pero sí que es verdad que mi Piano de Cine como proyecto atrae a la gente. Y así sucedió, no se llenó el patio de butacas pero hubo un considerable público, algo más de la mitad y el concierto fue uno de los más relajados en los que he tocado, quizás por eso que he comentado al principio, trabajar de forma continua y con cierta presión ayuda. Mientras Ronaldo y Messi en sus respectivas faenas marcaban goles, hacían faltas y los entrenadores ponían sus habituales caras largas y de enfadados con la vida, yo, servidor, de forma humilde pero apasionada iba acometiendo tema a tema, recogiendo aplausos calurosos y bises al final... y con cara de satisfacción y alegría que me otorga un piano, una sala y sobre todo, un afectuoso público, emprendí viaje de vuelta a casa, a la del Pianista en la sierra.

viernes, 6 de abril de 2012

La noche en que me caí de la banqueta del piano

Ya quería yo comenzar en este blog mi anecdotario y que mejor con este pequeño post de "La noche en que me caí de la banqueta del piano". Pues sí, siempre hay una primera vez. Cuando vas a dar un concierto piensas en no olvidarte aquellos elementos que pueden ser necesarios en cualquier momento, como por ejemplo ciertas partituras, pinzas de la ropa! si tocas al aire libre, luz,....muchas cosillas para que no se complique el directo; y piensas en estar concentrado y al tiempo disfrutar. Pero no piensas en lo que no debería pasar, como caerse de la banqueta del piano. Y eso fue lo que me ocurrió en el concierto del pasado viernes en SORCAS.
Estaba yo en la segunda parte del concierto con uno de los cortos de Chaplin que acompaño en directo, "Charlot en el Teatro", y disfrutando de la pianola de 100 años. Pero lo que nunca llegué a suponer es que quizás la banqueta acompañante de tan insigne instrumento podría perfectamente tener la misma edad. En escena (en el corto de Charlot), sale un individuo vestido de demonio lanzando fuego mientras yo acometo con gran energía acordes menores en la parte más grave de la pianola para ambientar la siniestra salida y... en fracción de segundos me veo en el suelo. La banqueta cedió (un grito agudo en la sala) y una de sus patas se rompe en seco mientras ya con mi santas posaderas en el suelo del escenario me levanto en cuclillas para seguir tocando, pues es lo único que se me pasó por la cabeza! (The show must go on!) y pudo ser también por la rápida intervención de Sheila, encantadora técnica de sonido del SORCAS que está en todo, hasta para traer presto una silla para poder continuar.
En medio del susto sigue la película y el público me dedica un caluroso aplauso que desde luego me anima a seguir y a no tener sentido del ridículo, a parte de que no hay nada mejor que reírse de uno mismo, cosa que hacía mientras seguía tocando.
Finalicé la actuación de buena manera, sin resentimiento hacia la banqueta traidora y con varios bises. Luego recibí comentarios de que mi caída fue muy elegante - ¿cómo se cae uno elegantemente?.
En fin, creo gracioso comenzar el apartado de anécdotas de Un Pianista en la Sierra con esta caída, que aunque elegante no deja de ser aparatosa cuando uno está en directo. Ya irán "cayendo" más anécdotas de otros tiempos de mi trayectoria que a la par de elegantes, increíbles, como la noche que toqué "Let it be" , improvisada e inesperadamente, acompañando a Catherine Zeta Jones cantando.