viernes, 21 de septiembre de 2012

Se acabó el verano y con ello un piano en las terrazas

Si en mi última entrada hablaba de como relacionar de buena manera la música y la gastronomía, mucho tiene que ver con ello el verano y las terrazas que se prestan a disfrutar de las noches de verano - hoy la última - y a dejarse inundar de notas musicales.
Como no me llego a considerar un típico pianista (¿hay típicos pianistas?, me pregunto) ... me gusta tocar en todo tipo de espacios, eventos y público, el cual siempre lo consideraré pasivo o activo según donde esté sin ser ello una falta de consideración hacia los oídos (pasivos o activos) y sus personas. Menos consideración tengo hacia "leyes" que no permiten que la noche se embargue de sonidos (musicales, eso sí). Pero eso  viene más adelante.
No, no creo que sea un típico pianista que en las amenizaciones musicales tenga un repertorio vasto y toque todos los "palos"; de hecho tengo cierta admiración por esos pianistas, pero yo me ofrezco con lo que buenamente sé y a la postre me apasiona tocar para no caer en una desidia musical y evitar que llegue una noche que no me apetezca posar mis manos sobre las teclas, aunque en ocasiones- por cansancio - me ha sucedido, a los primeros compases que acometo ese estado se diluye gracias a la eterna música y su ejecución. ¿ Os habéis planteado alguna vez (a todos me dirijo, músicos y no músicos, pero al fin y al cabo personas musicales),  lo maravilloso que es la sensación de sacar de tu expresión personal la música, el acto de realizarlo?
Lamentablemente, aunque de forma relativa, el hecho de exponer mi repertorio - basado en standards de jazz, blues y ahora últimamente Ragtime, y eso sí, algún bolero favorito pero siempre en clave de improvisación - me cierra ciertas puertas, las más conservadoras musicalmente hablando. Sin embargo no dejo de insistir a los contratantes que quieren "música popular" que eso que ofrezco es música popular, pero no, señores, no toco "Paquito el Chocolatero", lo siento, no me entra, con todos mis respetos. Y podría pensarse que soy un pianista poco profesional, pues a la pregunta  de una oyente de si "puedes tocar algún tema de Bisbal", de forma cortés respondo que no; claro que no digo que "no quiero ni querré" y por ello quizás piense que "no sé tocar ese tema"; por consecuente, no soy un buen profesional y cara al camarero de turno, pues lógico, el pensará que tampoco soy un gran pianista. Ay, mis amigos los camareros que tras casi tres horas tocando con sus pequeños descansos se dirigen hacia mí con un "¿ya está?".
Pero todo esto tiene que ver en realidad con la sensación de que el músico que ameniza una velada se asemeja a una Jukebox en la que puedes introducir monedas para elegir cualquier tema de una extensa lista. En fin, toda profesión tiene pegas y esto que os relato, aunque con cierta gracia, quizás tiene un trasfondo mucho más serio, el de la consideración social hacia el músico. Pero eso es arena de otro costal para una publicación mucho más extensa que espero plasmar próximamente.
Aún así tengo la suerte de tener esos lugares que les gusta lo que ofrezco y me convierto, como otras veces he comentado, en "su pianista", y yo orgulloso de ello. Mis lugares fieles del verano han sido el restaurante Don Baco de la Plaza de El Boalo (mi lugar de residencia, con vistas a La Maliciosa) y Casa Marga de Manzanares el Real (no os perdáis en el enlace el vídeo de ejemplo de lo que puede pasar en una noche en Casa Marga). 
Pero a pesar de que esas personas, que yo llamaría grandes emprendedores, apuestan por ofrecer a sus clientes música en directo, no ha sido realmente nada fácil. Y con ello vuelvo a mi comentario del principio, el de mi falta de consideración hacia aquellas "leyes" que no permiten la música en las plazas en las noches de verano!. Y es que la sorpresa vino por parte del ayuntamiento de donde soy vecino y por extensión profesional de la música, prohibiendo la música en directo en la Plaza dada la normativa de ruidos. Por ello me vi abocado a un espacio interior, eso sí con amplificador cara a la terraza , para solventar la cuestión. No hubo posibilidad de programar como estaba previsto, diversas formaciones de músicos en la Plaza para dotar de una diversidad, cual programa cultural de noches de verano en las terrazas, que por ende es de agradecer cualquier iniciativa empresarial - cultural que dinamice una zona. Pero así no lo entendió el ayuntamiento y servidor - sin patalear y con argumentos naturales - presenté un escrito en el que plasmaba mi preocupación y ejemplificaba como esos prohibidos 90 decibelios los causaba desde una batidora hasta el hablar de la gente en una terraza y despidiéndome con un "encomendarles a que reconsideren su postura y permitan que la música suene.". No sonó siquiera una respuesta oficial.
Y ahora que se acaba el verano me queda sumergirme en esos otros bolos de teatros con mis espectáculos, alguna que otra gira y un recogimiento compositivo que espero me caliente la lumbre de mi chimenea cuando lleguen las nieves, aquí, cerca de La Maliciosa.