Reivindicación del Ragtime. Un 24 de noviembre de 1868 nacía el gran Scott Joplin.

 

El Ragtime "murió" al cumplir su mayoría de edad, si aproximadamente contamos desde el famoso Maple Leaf Rag (1899) hasta la muerte de Scott Joplin (1917) con ella coincidió su desaparición temporal ocasionada por la fuerza arrolladora y novedosa de un jazz al que le debió en gran parte su propio surgimiento. Coincidió la muerte del llamado "rey de los escritores de ragtime" con la que se considera la primera grabación de jazz de la Original Dixieland Jass Band. Por eso, no olvidemos que sin el Ragtime es muy probable que el jazz y mucha música popular no hubiera sido lo mismo. El propio estilo denominado "stride Piano" generado en Harlem y representado por grandes del piano jazz como Fats Waller o Willie "The Lion" Smith, proviene del formato rítmico de la mano izquierda del ragtime. 

Si de repente suena en cualquier parte la melodía principal de la película “El Golpe” (The Sting) mucha gente la reconoce enseguida. Es el fenómeno que con el tiempo se suele asentar en nuestros conocimientos por el cual se relaciona un tema concreto con una película, creyendo que están intrínsecamente unidos. Esto es, se relaciona la melodía de la película “El Golpe” como propia de la misma y se llega a desconocer el título de la pieza o se atribuye erróneamente al mismo del film, cuando tanto el propio título y sobre todo la época son totalmente ajenas. “The Entertainer”, gran melodía que sirvió a una gran película de 1973 ambientaba los años de la depresión en EE. UU., pero que realmente pertenece a principios de siglo XX, concretamente 1903, y por lo tanto no fue compuesta para la película. 

Llego a pensar que en realidad, aunque la película propició un revival del ragtime en los 70 en el que grandes pianistas como Joshua Rifkin, William Albright o Dick Hyman, que provenían del mundo clásico, grabaron la obra de Joplin, actualmente ese hecho ya no se da y perjudica más la relación de la película con la música en detrimento de la misma obra de Scott Joplin a quien apenas se le conoce - sobre todo en España - y menos sus otras composiciones mucho más maduras que "The Entertainer", como "Gladiolus Rag" o el vals "Bethena". 


Incluso una ópera, Treemonisha (la única que ha sobrevivido de las dos que compuso y la primera compuesta por un compositor afroamericano) , que fue un gran fracaso en su estreno de 1910 y que arruinó al compositor. Probablemente el público no estaba preparado para una ópera con el tema de la esclavitud como línea argumental.

En su evolución compositiva yo situaría a Joplin a la altura por ejemplo de Gershwin, pero su muerte a sus 49 años imposibilitó un reconocimiento como compositor “serio” que siempre buscaba a la hora de componer nuevas piezas.





Con el tiempo las composiciones de Joplin comenzaron a diferenciarse de ese ragtime más festivo que provenía del “cakewalk” para ir cogiendo entidad propia y denominarse “ragtime clásico”, que se distingue por ser compuesto esencialmente para piano – aunque hubo arreglos o versiones para otros instrumentos o bandas-, y por reunir y conjugar a la vez dos caracteres musicales aparentemente dispares: los elementos afroamericanos con el indispensable carácter de la síncopa junto a las formas y técnicas musicales europeas. De ahí que el ragtime clásico no se considera “música de jazz” puesto que es música compuesta y aparentemente sin improvisación, aunque su desarrollo- junto al blues - fue esencial para la aparición del jazz. Y al mismo tiempo tampoco se consideraba música clásica, aunque influyó en compositores de tradición europea o compositores de “música clásica”, como Claude Debussy con la pieza llamada Golliwog´s Cakewalk que pertenece a la Children´s Corner suite (1906-1908). También de Debussy nos encontramos con una serie de obras donde la influencia del ragtime es patente, como por ejemplo Minstrels (Preludes, 1º Livre) (1909-1910). Y no sólo Debussy fue atraído por la forma compositiva del ragtime y sobre todo su rítmica, sino muchos otros compositores clásicos como Satie, Stravinski, Darius Milhaud, Honegger o Hindemith. Esta influencia del ragtime en Europa se debe a que su primer contacto fue probablemente en la exposición de París debido a la gira europea de John Philip Sousa. Eso y mucho más es el ragtime de Scott Joplin. 



Pero de forma más poética para definir el ragtime prefiero escoger un extracto del monólogo de Alessandro Baricco, “Novecento”, que sirvió de inspiración para la gran película de Giuseppe Tornatore “La leyenda del pianista en el Océano” en la que dice: 

“Tocábamos para hacer que bailaran, porque si bailas no puedes morir, y te sientes Dios. Y tocábamos ragtime, porque es la música con la que Dios baila cuando nadie le ve. Con la que Dios bailaría si fuese negro”.

Durante este año 2017 he estado "reivindicando" desde diversos escenarios al más grande compositor del llamado Ragtime clásico, Scott Joplin del que se cumplían los 100 años de su fallecimiento y que hoy, un 24 de noviembre hace 149 años, nació. Suerte para mí como pianista el haber afrontado y descubierto un repertorio lleno de matices y con obras que se sitúan a la altura de los clásicos sin abandonar la típica síncopa del jazz y más por haberlo compartido con el público en los 7 conciertos que he dado hasta ahora y que seguiré dando el próximo 2018 con motivo de los 150 años del nacimiento del compositor. Sin embargo, no es tan halagüeño que exista un gran vacío en las programaciones culturales de los escenarios de los festivales, tanto de temática clásica como de jazz en los que parece que no reconocen o incluso no conocen la importancia de la obra de Scott Joplin.


Reivindiquemos el Ragtime, no sólo por ser una música elegante, bella, rítmica y apasionada, sino por todo lo que aportó al mundo de la música y con ello Scott Joplin, un "Bach" en Jazz.

© Jorge Gil Zulueta 

El arte de acompañar cine mudo con el piano

Una serie de artículos dedicados al arte de acompañar al cine mudo con piano.


Algo tan normal en una época determinada puede semejarse inusual o sorprendente en épocas posteriores, como en la actual. Cuando se progresa aportando algunas "soluciones" a nuevas tecnologías y a un efecto buscado en su aplicación y más adelante cae en desuso por un nuevo avance, entra en el terreno de lo extraño, se queda en el olvido. De repente alguien lo re - descubre, a modo de moda vintage, tildándolo como algo sorprendente o como poco curioso y atractivo en generaciones posteriores. Eso es lo que sucede cada vez que me he sentado al piano para musicar, si me permitís utilizar este término que verbalizar la acción de poner música a un texto, o acompañar con mi piano los films mudos de antaño. Desde en un teatro hasta en un cine de verano he tenido la oportunidad de mostrar al público una aproximación de cómo se vivía la experiencia del incipiente cine de hace más de 100 años con el acompañamiento de música en directo, con dos espectáculos: "Un Piano de Cine" y "En los inicios del Cine... había un Piano". Y la respuesta del público siempre es la misma, tal y como he iniciado este artículo: la gente se sorprende, se divierte y vive el cine de otra manera, como si de un viaje en el tiempo se tratara. La funcionalidad ha cambiado: antaño era la solución al silent film y en la actualidad se convierte en un espectáculo con un valor incluso más artístico que en sus propios orígenes. A veces me han llegado a decir que era una pena que yo, como pianista, quedara en segundo plano. Les contesto que realmente esa es mi pretensión: el cine lo primero y el pianista para acompasar imágenes con su interpretación en directo. El resultado final es un todo.

Pero, ¿cómo enfoco mi función pianística a la hora de acompañar determinada película muda? Desde el punto de vista de la elección de las películas, comencé eligiendo un genio, no sólo de la comedia, sino de la dirección y del enfoque en general de su cine, que no puede considerarse exclusivamente cómico, aunque el público pueda apreciarlo de esa manera. Este genio, del que cada vez me reafirmo más en cuanto utilizo el calificativo, es Charles Chaplin. He coqueteado también con Buster Keaton con el que descubrí otra forma de hacer cine y también consideré sumamente interesante acompañar pianísticamente diversos cortos de los Hermanos Lumière, más aproximados a una crónica social que retratan su época de forma cotidiana y quienes ya contaron con un pianista para sus primeras proyecciones.  Y tampoco podía faltar el primer mago del cine: George Mèliés y su Viaje a la Luna que además suelo realizar en Institutos en los que los alumnos conocen a través de mis conciertos didácticos ese otro cine de los principios con el que los chavales "flipan" con algo que supuestamente puede parecerles tan lejano pero con el que se asombran por los "efectos especiales" usados, con un "menos es más", con los rostros y sus gestos que sin palabra lo decían todo.
Con esos pilares en los últimos años he configurado lo que podríamos decir mi repertorio cinéfilo  al que aplico mi piano en directo, siendo pues un "repertorio" basado en la parte más lúdica de los inicios del cine pero no por ello menos interesante. Realmente me siento cómodo acompañando esas historias, quizás porque son más cercanas al público, divertidas, pero con un buen mensaje social.
Pero mi interés real en esta serie de artículos sobre el arte de acompañar cine mudo con el piano se centra en los pianistas que desarrollaban esa labor y en la parte musical, en el cómo afrontar un repertorio determinado que sea a la vez lo más aproximado al que se realizaba -sobre todo en E.E.U.U. - y con el que pueda también poner mis dosis de improvisación. No creo realmente que haya conseguido plenamente reflejar cómo se acompañaba el cine mudo con un piano, aunque el resultado en mis espectáculos es muy óptimo, por lo recogido de los comentarios del público, aun sigo buscando la esencia del verdadero arte de acompañar cine mudo.

He conocido otros acompañamientos, tanto de pianistas como de orquestas, y algunos son verdaderamente horribles. No se trata de interpretar música porque sí a través de un repertorio que conoces. 



Es una labor mucho más ardua en la que tiene que entrar obligatoriamente el concepto de improvisación, el conocimiento de lo que "sonaba" en la época y una cierta ruptura rítmica que esté acompasada con lo que sucede en la pantalla, con la historia y con cada una de las escenas.
Y para ello he tenido que investigar- y sigo haciéndolo -  las más diversas fuentes para consensuar y descubrir la importante labor que realizaban los pianistas del cine mudo. Tal como señalaba al principio, es curioso que una labor que surgió de la necesidad de complementar la nueva atracción que supuso el cine ahora se torna en un concepto escénico de entretenimiento con una clara señal vintage.  Sin embargo, en su época, no era una labor muy bien valorada, ya desde el propio público y de los críticos de la época hasta en las condiciones laborales que tenían los músicos en el desempeño - en muchas ocasiones maratoniano - de poner música en directo a la imagen. Así, mi resultados de la investigación voy a difundirlos de forma temática en diferentes artículos que arrojan luz al cómo era el trabajo de los pianistas en el cine mudo, qué repertorio utilizaban, los diferentes pianistas españoles desarrollaban este trabajo en la misma época del cine mudo, los pianistas del cine mudo en EEUU con su vinculación en el ragtime y el jazz, y muchos más aspectos que considero poco profundizados en una época apasionante del cine mudo y de la música en directo.
Bienvenidos a los pianistas del cine mudo.



© Jorge Gil Zulueta 

El ragtime en “tierra de nadie”. La evolución compositiva del Ragtime de Scott Joplin.

Sorprende que muchos contemporáneos de Scott Joplin no valoraran verdaderamente sus composiciones, quizás ocultas en lo que se consideraba, y era realmente, una moda o incluso una fiebre: la edición de partituras de ragtime ’s para que pianistas aficionados pudieran ejecutar las melodías y el ritmo de moda nada más nacer el siglo XX. Y eso que el editor de Maple Leaf Rag, John Stark, objetó a Joplin, que había acudido a su oficina de Sedalia para que le publicara, que el tema era demasiado complicado y nadie podría aprender la pieza para tocarla. Sobre el episodio existen diversas versiones de lo que pasó tras su comentario. Una relata que Joplin salió a la calle y le trajo un muchacho que supuestamente en un mes la había aprendido… supuestamente, porque en realidad le había llevado meses dominar la pieza. En otra versión el muchacho bailaba la pieza demostrando así Joplin al futuro editor que la pieza era bailable, divertida, que podía ser escuchada y también tocada por los aficionados. Puro marketing de la época.
Por aquel entonces eran muchas las personas que en diferentes grados dominaban el instrumento. Formaba parte de la educación, como sigue siendo en los Estados Unidos donde la música está en el hogar de forma muy natural. Era el tiempo en el que el piano – el instrumento rey – se introducía en los hogares y como poco, un miembro de la familia se defendía al piano y entretenía las fiestas familiares. No había televisión ni radio y una de las mayores atracciones era ¡tocar el piano en las reuniones! Hoy se nos hace extraño entrar una casa donde haya un piano.
Pero con el tiempo las composiciones de Joplin comenzaron a diferenciarse de ese ragtime más festivo que provenía del “cakewalk” para ir cogiendo entidad propia y denominarse “ragtime clásico”, que se distingue por ser compuesto esencialmente para piano – aunque hubo arreglos o versiones para otros instrumentos o bandas-, y por reunir y conjugar a la vez dos caracteres musicales aparentemente dispares: los elementos afroamericanos con el indispensable carácter de la síncopa junto a las formas y técnicas musicales europeas. De ahí también que el ragtime clásico no se considera “música de jazz” puesto que es música compuesta y aparentemente sin improvisación…aunque su desarrollo- junto al blues - fue esencial para la aparición del jazz. Y al mismo tiempo tampoco se consideraba música clásica, aunque influyó en compositores de tradición europea o compositores de “música clásica”, como Claude Debussy con la pieza llamada Golliwog´s Cakewalk que pertenece a la Children´s Corner suite (1906-1908). También de Debussy nos encontramos con una serie de obras donde la influencia del ragtime es patente, como por ejemplo Minstrels (Preludes, 1º Livre) (1909-1910).  Y no sólo Debussy fue atraído por la forma compositiva del ragtime y sobre todo su rítmica, sino muchos otros compositores clásicos como Satie, Stravinsky, Darius Milhaud, Honegger o Hindemith. Esta influencia del ragtime en Europa se debe a que su primer contacto fue probablemente en la exposición de París debido a la gira europea de John Philip Sousa.




Con ello, podríamos considerar el ragtime en “tierra de nadie” que le hace ganar la cualidad de género musical y no estilo. Un género que llegó, triunfó y, prácticamente con la muerte de su principal compositor, Scott Joplin, en 1917, también murió la considerada moda ragtime. Creo que esta posición del ragtime ha sido en realidad contraproducente para su mejor consideración. Apenas aparecen referencias del género en los libros que tratan de Historia de la música clásica, tan sólo menciones, y al igual sucede con los libros dedicados a la historia del jazz. Cuando se trata en profundidad es cuando se abarca la historia de la música negra en los Estados Unidos, como el excelente libro de “Historia de la Música Negra Norteamericana” de Ellen Southern, o, por supuesto, cuando se trata de monografías dedicadas exclusivamente al ragtime o biografías de Scott Joplin (que en España no están traducidas ni editadas). También ha sido contraproducente a la hora de que la obra compositora de Scott Joplin se valore adecuadamente el hecho de la interpretación que se hace tanto de su famoso “Maple Leaf Rag” como de otras de sus muchas obras en las que parece que lo que prima es una ejecución de rapidez extrema, como si se tratara de una competición para ver quién puede tocar más rápido la pieza en un alarde absurdo de virtuosismo.  Estoy seguro de que el propio Joplin no tenía esa intención a la hora de componer cada uno de sus ragtimes. En esas ejecuciones extremadamente rápidas se pierde la misma melodía, su esencia, el sentido armónico para quedar tan sólo en una cantinela del oeste más agresivo y enérgico. Scott Joplin siempre advertía que el ragtime debía tocarse lento, una indicación de tempo un tanto ambigua puesto que el tempo es relativo en función del compás en el que la mayoría de ragtimes son a 2/4, pero de seguro que a Joplin le interesaba que en sus composiciones primaran esas melodías en terceras, quintas o incluso sextas, las ricas progresiones armónicas en las que se desenvolvía el tema marcando una coherencia o las disposiciones cromáticas en ocasiones muy “chopinianas”, como en “Gladiolus Rag”. Todo ello se pierde en los numerosos ejemplos que podemos ver en algunos pianistas aficionados con tan sólo echar una mirada a YouTube.

 Al tiempo, y sobre todo en nuestro país, un concierto de ragtime piano prácticamente no aparece en ninguna programación cultural, tan solo algún intérprete decide incluir en su repertorio, sea jazzístico o clásico – que curioso – una pieza de Joplin, que suele ser obviamente The Entertainer al hacer referencia popular a la película “El Golpe”. Es un flaco favor que se le hace a un género mucho más rico que un único tema famoso por una gran película y menos favor se le hace al conocimiento del género o la ingente labor compositiva de Scott Joplin, y que ocasiona la orfandad de un público que no tiene ocasión de conocer y disfrutar en profundidad de un repertorio variado de ragtime clásico.

Y es que Scott Joplin aspiraba a más que ser el “El Rey de los escritores de Ragtime” como se le conoció en su época dado el éxito de publicación de su Maple Leaf Rag. No hay duda sobre a la popularidad de Maple Leaf Rag. Todos los interesados en el piano ragtime lo tocaban, o al menos intentaban tocarlo. El pianista y compositor J. Russel Robinson (1892-1963), recordando el periodo de 1908, decía:
Uno de los temas que toqué durante las giras en el Sur fue “Maple Leaf Rag” de Scott Joplin… creo que es uno de los mejores temas jamás escritos… el Rey de los Rags, y en mi manera de pensar, nadie se acercó lo bastante a él.

Jelly Roll Morton era lo suficientemente egoísta como para referirse a sí mismo como “el inventor del Jazz”, pero sin embargo recordó a Joplin llamándolo el escritor más grande del ragtime que alguna vez vivió y el compositor de Maple Leaf Rag.
Pero lo que realmente aspiraba Scott Joplin era a ser el primer compositor negro “serio” de la música y realmente se le puede otorgar esta distinción. Sabía que su Maple Leaf Rag tenía todavía el carácter bailable, desenfadado y de una rítmica enérgica que atraía nada más escucharlo y ese era el propósito; pero había mucho más en su composición y sobre todo tenía claro evolucionar a mayores complejidades armónicas en cada una de sus composiciones como fue demostrando… pero parece ser que – como a muchos artistas posteriormente – un solo y gran éxito que le supuso Maple Leaf Rag – ocultó la grandeza de otras piezas, como Solace (A Mexican Serenade) con la que aparte de imprimirle lo que posteriormente Jelly Roll Morton definiría como el “matiz español” (spanish tinge) y que aparecería en muchas de las interpretaciones del propio Morton o en el famoso St. Louis Blues con su comienzo a tempo de tango,  también evoluciona su composición a través de ciertas armonizaciones de las melodías en sextas. Todo ello se diferenciará de ese ragtime desenfadado en el que la melodía simplemente está octavada, por ejemplo; o Gladiolus Rag en el que se desenvuelve a modo del ragtime cromático, lo que sugiere incluso las progresiones cromáticas de Chopin.
Está claro que Scott Joplin era un gran compositor, aun si ser valorado por muchos de sus contemporáneos (en su mayoría intelectuales de la época o críticos de música) , pero sí admirado por colegas de profesión, como el propio Jelly Roll Morton, Willie "The Lion" Smith, Eubie Blake, Jimmy Johnson…todos se sintieron en deuda con él e incorporaron muchos de los recursos pianísticos escritos por Joplin.
Joplin fue el artífice, gracias a su formación musical académica, de poner sobre el papel las melodías y ritmos del incipiente cakewalk y del ragtime, evolucionando él mismo hacia lo que se ha denominado “ragtime clásico” y que se puede comprobar por sus numerosas obras compuestas en las que con el tiempo hay una tendencia hacia una gran evolución en la forma compositiva de cada uno de los temas que desembocaría en su ópera Treemonisha que sin embargo, de nuevo, no fue valorada por el público de entonces, teniendo Joplin enormes dificultades para su estreno, contando tan sólo con cantantes amateurs y realizando una fuerte inversión que le supuso en su estreno un gran fracaso. Es muy probable que el público estaba condicionado a aceptar a un pianista negro en un burdel o en una taberna, pero no a un compositor de música operística.

© Jorge Gil Zulueta

Pianista, compositor y musicólogo.

Próximo concierto de Ragtime piano en tributo a Scott Joplin en el Centenario de su fallecimiento por George Hill (alias para la ocasión del pianista que suscribe este artículo).

•          Sábado 19 de agosto 2017 20h Concierto Ragtime en el Centenario de Scott Joplin. Noches del Olivar 2017 en la Fundación Olivar de Castillejo, C/ Menéndez Pidal 3 Bis Madrid


Lista recomendada de una buena interpretación de los ragtime de Scott Joplin por Dick Hyman

El reflejo de James Rhodes

Hace unos días uno de mis alumnos me trajo ilusionado la partitura del Preludio nº 1 de Bach, algo que en principio me asombró porque precisamente estaba yo incorporando la pieza para otros alumnos, y él apenas lleva dos meses comenzando de cero con el instrumento. Pero no hay nada que más me incentive como docente que un alumno me diga “quiero tocar esto”. Esa ilusión de tocar la pieza venía acompañada de un librito de título “Toca el Piano” y una anotación sobre el título que decía “Interpreta a Bach en seis semanas”. Si no fuera porque conocía algo del autor reconozco que por inercia rechazaría la idea que vendía el libro, a falta de darle una ojeada para comprobar de qué manera vendía el interpretar a Bach en tan escaso tiempo, pues siempre he sido reacio a esos anuncios que nos intentan vender “aprenda inglés en 3 meses”, por poner un ejemplo. Toda disciplina lleva esfuerzo y dedicación y sobre todo tiempo, pero no debe suponer un sufrimiento por ello. Y quizás una de las bazas del planteamiento del libro es la gestión del tiempo, de nuestro tiempo día a día a lo que volveré a profundizar más adelante.
Ya hace unos meses, otra alumna me dijo que iba a escuchar un pianista que tocaba Bach y otros clásicos y que vestía de vaqueros y camisetas y que hablaba durante los conciertos comentando la pieza o sus vivencias con el piano. De entrada, el hecho de que un pianista que toca repertorio clásico comience a ser conocido, no sólo en un ámbito de melómanos y estudiantes de piano, ya es algo atractivo. Por algo se le define al principio de su librito como uno de los renovadores de la “música clásica”, y es que digámoslo claramente: esa mal llamada “música clásica” debe ser renovada en muchísimos aspectos, desde algo tan “trivial” como es la vestimenta de sus intérpretes hasta en la forma de programación que ofrecen los espacios escénicos y su repertorio.


La historia de James Rhodes es ya bastante conocida y no sólo en su ámbito musical, lamentablemente. Uno de los episodios detonantes que relaciona la vivencia musical de Rhodes es llegar a ella por sufrir abusos sexuales en su infancia – él bien lo define sin tapujos como violaciones constantes por parte de un profesor de gimnasia del colegio – que le trazó un duro camino lleno de trastornos, adicciones y fracasos. Es realmente una historia del “fracaso” marcado por una insoportable vejación humana desde su infancia. Y cuando digo llegar a su vivencia musical “a través” de estos episodios es porque James Rhodes nos da una gran lección: cómo la música puede salvarnos de nuestros miedos (unos enormemente impuestos y no creados por nosotros, la agresión…) y otros, que, aunque más livianos, aquellos que seguimos soportando cotidianamente porque no vemos ningún camino de salida… o no queremos verlo. Y la música está ahí, como pudiera ser cualquier manifestación artística o actividad que realmente no aprovechamos: la experiencia de crear, de interpretar, de sumergirse en definitiva en una actividad que nos llene el vacío ocasionado por el entorno social que hemos creado o nos han creado para nosotros, para nuestro “deleite falso”, y que en ese proceso no sólo llene, sino que nos desarrollemos personalmente. Eso es lo que otorga, en fin, la música. En palabras de James Rhodes: “la música es respuesta a aquello que no la tiene”. Y ese es el gran mensaje de Rhodes. ¡Un mensaje que debería ser tan obvio! Pero que la mayoría de personas no lo escucha. Recuerdo una de esas películas catastrofistas, “Ultimátum a la Tierra”, remake de la película The Day the Earth Stood Still de 1951, en la que un extraterrestre viene a la Tierra para avisar a la raza humana que su comportamiento destructivo les obliga a despojar el planeta de la misma raza humana. En una escena de conversación sobre el carácter humano suena de fondo una pieza de Mozart y el extraterrestre conmovido pregunta que es ese sonido. La respuesta que le da su humano interlocutor es la capacidad humana de crear belleza a través de las artes a lo que el extraterrestre entiende que no debemos ser tan destructivos desde el momento en que somos capaces de crear algo tan bello. Y Rhodes se debe preguntar (como tantos otros, entre los que me incluyo), ¿por qué no crear en cualquier momento de nuestra vida? ¿Por qué no interpretar la belleza que se nos ha dado? Deleitarnos y desarrollarnos como personas… y es cuando nos lanza el “reto” de interpretar a Bach en seis semanas.

Sabiamente a elegido una pieza, el Preludio nº1 de Bach que tiene unas connotaciones prácticas didácticas muy interesantes, pero realmente no cae, en la guía que nos tiende y nos anima a tocar el piano (tengas nulos conocimientos de músico o como poco aficionado), en lo sensacionalista como curso rápido. Es un librito práctico, pero a la vez, casi diría filosófico o como poco que quiere despertar en nosotros la curiosidad por el piano, el aliciente de convertirnos en pequeños concertistas de nuestro mundo, haciéndonos ver que realmente 45 minutos diarios no son nada en realidad en nuestro día a día… si olvidamos el móvil, el ordenador, la televisión… y dedicamos nuestro tiempo a un instrumento tan benévolo como el piano. Yo os aseguro que el piano no va a crear una mala adicción, lo único que nos va a mantener en “on” en lugar de en “off” como cuando estamos delante de la televisión. Y varios de mis alumnos han aceptado el reto de Rhodes, que mejor forma de aprender  una pieza!

Y si James Rhodes llena teatros haciendo charlas e interpretando al piano, bienvenido! Porque su reflejo es el reflejo de muchos que sabemos que la música tiene respuesta para aquello que no lo tiene y que, en nuestro camino, sea como docente, intérprete o comunicador, en ocasiones nos da la sensación de que nadie nos escucha… y luego llega una persona que nos recuerda el gran valor de la música.