viernes, 17 de marzo de 2017

El ragtime en “tierra de nadie”. La evolución compositiva del Ragtime de Scott Joplin.

Sorprende que muchos contemporáneos de Scott Joplin no valoraran verdaderamente sus composiciones, quizás ocultas en lo que se consideraba, y era realmente, una moda o incluso una fiebre: la edición de partituras de ragtime ’s para que pianistas aficionados pudieran ejecutar las melodías y el ritmo de moda nada más nacer el siglo XX. Y eso que el editor de Maple Leaf Rag, John Stark, objetó a Joplin, que había acudido a su oficina de Sedalia para que le publicara, que el tema era demasiado complicado y nadie podría aprender la pieza para tocarla. Sobre el episodio existen diversas versiones de lo que pasó tras su comentario. Una relata que Joplin salió a la calle y le trajo un muchacho que supuestamente en un mes la había aprendido… supuestamente, porque en realidad le había llevado meses dominar la pieza. En otra versión el muchacho bailaba la pieza demostrando así Joplin al futuro editor que la pieza era bailable, divertida, que podía ser escuchada y también tocada por los aficionados. Puro marketing de la época.
Por aquel entonces eran muchas las personas que en diferentes grados dominaban el instrumento. Formaba parte de la educación, como sigue siendo en los Estados Unidos donde la música está en el hogar de forma muy natural. Era el tiempo en el que el piano – el instrumento rey – se introducía en los hogares y como poco, un miembro de la familia se defendía al piano y entretenía las fiestas familiares. No había televisión ni radio y una de las mayores atracciones era ¡tocar el piano en las reuniones! Hoy se nos hace extraño entrar una casa donde haya un piano.
Pero con el tiempo las composiciones de Joplin comenzaron a diferenciarse de ese ragtime más festivo que provenía del “cakewalk” para ir cogiendo entidad propia y denominarse “ragtime clásico”, que se distingue por ser compuesto esencialmente para piano – aunque hubo arreglos o versiones para otros instrumentos o bandas-, y por reunir y conjugar a la vez dos caracteres musicales aparentemente dispares: los elementos afroamericanos con el indispensable carácter de la síncopa junto a las formas y técnicas musicales europeas. De ahí también que el ragtime clásico no se considera “música de jazz” puesto que es música compuesta y aparentemente sin improvisación…aunque su desarrollo- junto al blues - fue esencial para la aparición del jazz. Y al mismo tiempo tampoco se consideraba música clásica, aunque influyó en compositores de tradición europea o compositores de “música clásica”, como Claude Debussy con la pieza llamada Golliwog´s Cakewalk que pertenece a la Children´s Corner suite (1906-1908). También de Debussy nos encontramos con una serie de obras donde la influencia del ragtime es patente, como por ejemplo Minstrels (Preludes, 1º Livre) (1909-1910).  Y no sólo Debussy fue atraído por la forma compositiva del ragtime y sobre todo su rítmica, sino muchos otros compositores clásicos como Satie, Stravinsky, Darius Milhaud, Honegger o Hindemith. Esta influencia del ragtime en Europa se debe a que su primer contacto fue probablemente en la exposición de París debido a la gira europea de John Philip Sousa.



Con ello, podríamos considerar el ragtime en “tierra de nadie” que le hace ganar la cualidad de género musical y no estilo. Un género que llegó, triunfó y, prácticamente con la muerte de su principal compositor, Scott Joplin, en 1917, también murió la considerada moda ragtime. Creo que esta posición del ragtime ha sido en realidad contraproducente para su mejor consideración. Apenas aparecen referencias del género en los libros que tratan de Historia de la música clásica, tan sólo menciones, y al igual sucede con los libros dedicados a la historia del jazz. Cuando se trata en profundidad es cuando se abarca la historia de la música negra en los Estados Unidos, como el excelente libro de “Historia de la Música Negra Norteamericana” de Ellen Southern, o, por supuesto, cuando se trata de monografías dedicadas exclusivamente al ragtime o biografías de Scott Joplin (que en España no están traducidas ni editadas). También ha sido contraproducente a la hora de que la obra compositora de Scott Joplin se valore adecuadamente el hecho de la interpretación que se hace tanto de su famoso “Maple Leaf Rag” como de otras de sus muchas obras en las que parece que lo que prima es una ejecución de rapidez extrema, como si se tratara de una competición para ver quién puede tocar más rápido la pieza en un alarde absurdo de virtuosismo.  Estoy seguro de que el propio Joplin no tenía esa intención a la hora de componer cada uno de sus ragtimes. En esas ejecuciones extremadamente rápidas se pierde la misma melodía, su esencia, el sentido armónico para quedar tan sólo en una cantinela del oeste más agresivo y enérgico. Scott Joplin siempre advertía que el ragtime debía tocarse lento, una indicación de tempo un tanto ambigua puesto que el tempo es relativo en función del compás en el que la mayoría de ragtimes son a 2/4, pero de seguro que a Joplin le interesaba que en sus composiciones primaran esas melodías en terceras, quintas o incluso sextas, las ricas progresiones armónicas en las que se desenvolvía el tema marcando una coherencia o las disposiciones cromáticas en ocasiones muy “chopinianas”, como en “Gladiolus Rag”. Todo ello se pierde en los numerosos ejemplos que podemos ver en algunos pianistas aficionados con tan sólo echar una mirada a YouTube.

 Al tiempo, y sobre todo en nuestro país, un concierto de ragtime piano prácticamente no aparece en ninguna programación cultural, tan solo algún intérprete decide incluir en su repertorio, sea jazzístico o clásico – que curioso – una pieza de Joplin, que suele ser obviamente The Entertainer al hacer referencia popular a la película “El Golpe”. Es un flaco favor que se le hace a un género mucho más rico que un único tema famoso por una gran película y menos favor se le hace al conocimiento del género o la ingente labor compositiva de Scott Joplin, y que ocasiona la orfandad de un público que no tiene ocasión de conocer y disfrutar en profundidad de un repertorio variado de ragtime clásico.

Y es que Scott Joplin aspiraba a más que ser el “El Rey de los escritores de Ragtime” como se le conoció en su época dado el éxito de publicación de su Maple Leaf Rag. No hay duda sobre a la popularidad de Maple Leaf Rag. Todos los interesados en el piano ragtime lo tocaban, o al menos intentaban tocarlo. El pianista y compositor J. Russel Robinson (1892-1963), recordando el periodo de 1908, decía:
Uno de los temas que toqué durante las giras en el Sur fue “Maple Leaf Rag” de Scott Joplin… creo que es uno de los mejores temas jamás escritos… el Rey de los Rags, y en mi manera de pensar, nadie se acercó lo bastante a él.

Jelly Roll Morton era lo suficientemente egoísta como para referirse a sí mismo como “el inventor del Jazz”, pero sin embargo recordó a Joplin llamándolo el escritor más grande del ragtime que alguna vez vivió y el compositor de Maple Leaf Rag.
Pero lo que realmente aspiraba Scott Joplin era a ser el primer compositor negro “serio” de la música y realmente se le puede otorgar esta distinción. Sabía que su Maple Leaf Rag tenía todavía el carácter bailable, desenfadado y de una rítmica enérgica que atraía nada más escucharlo y ese era el propósito; pero había mucho más en su composición y sobre todo tenía claro evolucionar a mayores complejidades armónicas en cada una de sus composiciones como fue demostrando… pero parece ser que – como a muchos artistas posteriormente – un solo y gran éxito que le supuso Maple Leaf Rag – ocultó la grandeza de otras piezas, como Solace (A Mexican Serenade) con la que aparte de imprimirle lo que posteriormente Jelly Roll Morton definiría como el “matiz español” (spanish tinge) y que aparecería en muchas de las interpretaciones del propio Morton o en el famoso St. Louis Blues con su comienzo a tempo de tango,  también evoluciona su composición a través de ciertas armonizaciones de las melodías en sextas. Todo ello se diferenciará de ese ragtime desenfadado en el que la melodía simplemente está octavada, por ejemplo; o Gladiolus Rag en el que se desenvuelve a modo del ragtime cromático, lo que sugiere incluso las progresiones cromáticas de Chopin.
Está claro que Scott Joplin era un gran compositor, aun si ser valorado por muchos de sus contemporáneos (en su mayoría intelectuales de la época o críticos de música) , pero sí admirado por colegas de profesión, como el propio Jelly Roll Morton, Willie "The Lion" Smith, Eubie Blake, Jimmy Johnson…todos se sintieron en deuda con él e incorporaron muchos de los recursos pianísticos escritos por Joplin.
Joplin fue el artífice, gracias a su formación musical académica, de poner sobre el papel las melodías y ritmos del incipiente cakewalk y del ragtime, evolucionando él mismo hacia lo que se ha denominado “ragtime clásico” y que se puede comprobar por sus numerosas obras compuestas en las que con el tiempo hay una tendencia hacia una gran evolución en la forma compositiva de cada uno de los temas que desembocaría en su ópera Treemonisha que sin embargo, de nuevo, no fue valorada por el público de entonces, teniendo Joplin enormes dificultades para su estreno, contando tan sólo con cantantes amateurs y realizando una fuerte inversión que le supuso en su estreno un gran fracaso. Es muy probable que el público estaba condicionado a aceptar a un pianista negro en un burdel o en una taberna, pero no a un compositor de música operística.

© Jorge Gil Zulueta

Pianista, compositor y musicólogo.

Próximo concierto de Ragtime piano en tributo a Scott Joplin en el Centenario de su fallecimiento por George Hill (alias para la ocasión del pianista que suscribe este artículo).

•          Sábado 19 de agosto 2017 20h Concierto Ragtime en el Centenario de Scott Joplin. Noches del Olivar 2017 en la Fundación Olivar de Castillejo, C/ Menéndez Pidal 3 Bis Madrid


Lista recomendada de una buena interpretación de los ragtime de Scott Joplin por Dick Hyman

No hay comentarios:

Publicar un comentario