Bethena, ¿La "Mona Lisa" de Scott Joplin?

Bethena se me asemeja a una nueva y enigmática Mona Lisa. Tiene ese gesto en su sonrisa que hace que quieras saber más de ella. Pero nadie ha logrado saber quién fue Bethena, la mujer de la foto que aparece en la portada de la partitura y que se erige en absoluta protagonista con nombre propio de la pieza musical compuesta por Joplin en 1905 (Bethena, a Concert Waltz).

Si queremos bucear en el misterio de Bethena en primer lugar nos llama la atención la dedicatoria que realiza Scott Joplin en la misma portada de la partitura, algo muy usual en los compositores europeos y que quizás Joplin quiso emular en busca de su ansiado reconocimiento como compositor de ragtime clásico. Joplin comentó en una ocasión que a los 25 años de su muerte su labor compositiva sería mejor entendida y que la gente consideraría sus obras como más “serias”. De hecho, su fama a través de “Maple Leaf Rag” le ocasionó una especie de éxito – fracaso, pues fue reconocido en su momento como el “rey de los escritores de ragtime”, puso de moda el ragtime, pero se quedó en eso, en una moda pasajera que finalizó con la locomotora del jazz en 1917. Precisamente, tras su muerte en 1917, tuvieron que pasar muchos años más hasta que la casualidad vestida de película famosa de la década de los 70 – léase “The Sting”- y la genial ideal de su director George Roy Hill de incorporar diversas piezas de Joplin en la banda sonora ocasionó una especie de revival del ragtime y en cierta manera, un mayor reconocimiento de la obra de Scott Joplin.

La dedicatoria que realiza Scott Joplin en la misma portada dice así: “Mr. y Miss Dan E. Davenport of St. Louis Mo”.  Dave Davenport y su mujer fueron amigos de Scott Joplin, y parece que, dada la dedicatoria, de gran importancia para él, pero tampoco se conocen muchos datos del matrimonio. Realmente conocemos su nombre porque Joplin les dedicó en portada la composición especificando además que “Es una dedicatoria musical”.




Mr. Davenport trabajaba como portero y camarero y no fue un prominente intérprete que pudiera dominar la música de Joplin. Tampoco era una persona de influencia o adinerado 0 representante artístico, alguien que pudiera ayudar a Joplin en su trayectoria. Muchos autores dirigían las dedicatorias a sus discípulos u otros colegas artistas, pero en un plano más personal la inspiración musical venía dada de las relaciones personales, tanto por enamoramiento como por desamor, y también por la amistad. Entonces, ¿por qué dedicó Joplin esta pieza a Davenport y su esposa? Sería lógico pensar que se trataría de la amistad que tuvieron y que debía tener una especial relevancia personal. Puede que los Davenport ayudaron a Joplin a superar algunas dificultades, sobre todo debido a la muerte de su segunda esposa, Freddie, unos meses antes y la dedicatoria fue la manera de Joplin de agradecerles esa ayuda. (Berlin 1996)
Estoy seguro de que para Joplin “Bethena, a Concert Waltz” no era un tema menor, un tema más de ragtime; y el hecho de que les dedicara el tema a los Davenport, que no eran de la alta sociedad, ni músicos o intérpretes, alumnos, o, en definitiva, relacionados con el mundo de la música, tiene mayor importancia…es una dedicatoria de verdadera amistad.
Pero volviendo a la chica de la foto, a Bethena. Por una parte, la ilustración no tiene que estar aparejada a la dedicatoria, que como he comentado, tendría una justificación a través de la amistad. Entonces, ¿cuál es el significado del título? “Bethena” es también un nombre inusual ¿Existió Bethena? Si fue así, ¿es la preciosa mujer que aparece en la fotografía de la portada de la partitura? O bien ¿es Freddie, a quien quizás llamara “Bethena”, quien aparece en la fotografía? La raza de la mujer es imposible de determinar. Podría ser blanca o podría ser mulata.

Dado el estado de ánimo que bien pudiera tener Scott Joplin tras la muerte de su mujer, esta pieza musical es la más relevante de 1905, un año de escasa producción compositiva del autor, siendo además especialmente emotiva en muchos de sus pasajes, y bien se podría determinar que Bethena está conectada con Freddie, o al menos refleja el estado de ánimo de Joplin en este momento, resultando una música tristemente conmovedora. Decididamente no es un vals alegre y en este aspecto contrasta con los otros (escasos) valses de Joplin.


Precisamente, algunas de sus primeras piezas publicadas son valses, un elemento básico de la década de 1890. Y de nuevo Joplin demuestra un dominio del lenguaje musical de los grandes clásicos o del romanticismo que recién se iba diluyendo. Pero es significativo que, siendo un compositor de ragtime, Scott Joplin no deja de buscar un reconocimiento más allá del título que ostentaba como el "rey de los escritores de Ragtime", sino que buscaba una consideración más seria hacia su labor compositiva o incluso un nuevo “título” que lo definiera como el primer de compositor negro de música "seria". Y entrecomillo lo de "seria" porque no olvidemos que el ragtime, siendo la música de moda de la primera década del siglo XX (una música para un cambio de siglo, me gusta definirla), no dejaba de considerarse como una moda, incluso pasajera y no duradera.  Y de este modo nos encontramos con que Bethena se acerca al estilo de vals ricamente texturizado que se encuentra en muchos de los trabajos de Johannes Brahms, junto con muchas de las intrincadas pero conmovedoras líneas armónicas indicativas de la escritura de Frederic Chopin. Podemos incluso encontrar trazos de influencia del "rey del vals", Johann Strauss. Como resultado, y en gran medida debido a los cambios de ritmo y las pausas, Bethena es más de una pieza de escucha que de baile, otro distintivo que justifica Joplin en su anhelo de ser un gran compositor, habiendo dejado durante un tiempo en ser el típico pianista itinerante de locales para sentarse en el taburete de su piano para exclusivamente componer. (Gammond 1975)
Particularmente emocionante es la sección D en Bm que el autor ha "romantizado” añadiendo algunos elementos reflejados en algunos de los acompañamientos de Brahms de sus Valses de Amor que de nuevo podemos vislumbrar en algunas piezas de su ópera Treemonisha.
Las posibilidades de interpretación para un pianista en Bethena proporcionan la más amplia variedad de ritmos y expresión dinámica de los que se encuentran en cualquiera de los valses de Joplin. Si bien cualquier pianista que se ocupa del repertorio de Joplin se presta a interpretar Bethena – A Concert Waltz (para mí es una de las piezas preferidas en mis conciertos junto a Solace (A mexican Serenade), muchos caen en un rítmica rígida manteniendo el tempo de vals restándole ese romanticismo que pienso sinceramente que el autor buscaba en alguna de las secciones. De entre las versiones grabadas de Bethena, aparte de la realizada por Joshua Rifkin, me quedo con la interpretada por Randy Kerber, pianista, compositor y arreglista de California de una extensa trayectoria en el cine y que la grabó para la maravillosa película “El curioso caso de Benjamin Button” basada a su vez en un relato corto de Scott Fitzgerald. En su interpretación Kerber sigue las directrices que Joplin insistía en todas sus composiciones "Nunca se debe tocar 'ragtime' rápido”. Y más tratándose de un vals en el que agrega otra anotación: "cantábile" - "como si cantara".  De esta manera en manos de Kerber se marca un ritmo deliberado y nunca huyen de la esencia del Rag, pero no tiene miedo de disminuir la velocidad de vez en cuando para dejar que surja la melancolía inherente de la pieza; el piano realmente canta. Un siglo después de que Bethena fuera compuesta, la canción es perfecta para la película de Benjamin Button en su escena en el que el pequeño Benjamin recibe su primera clase de piano. A pesar de su edad, "Bethena" suena tan fresca como si se hubiera escrito en la actualidad, con una inicial melodía que aparece y desaparece a lo largo del tema y que flota como un tierno y sincero recuerdo de un amor perdido.

Si el aspecto musical de la pieza está bien claro, en el apartado extra – musical – esto es – una portada y una dedicatoria – no lo está tanto. Quién era Bethena sigue siendo un misterio, como lo fue en su día la Mona Lisa de Da Vinci.

© Jorge Gil Zulueta

Bibliografía
Berlin, Edward A. 1996      King of Ragtime: Scott Joplin and His Era. Oxford University Press.
Gammond, Peter 1975        Scott Joplin and the Ragtime Era. London: Abacus.









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